LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

AUTORIDAD, HIPOCRESÍA Y LEY

 

 

A veces, más a menudo de lo que sería deseable, los conceptos agazapados tras las palabras AUTORIDAD, HIPOCRESÍA y LEY las transforman en sinónimos exactos. Sucede casi cada día, aunque jamás leamos o escuchemos esa frase, la que a pesar de ser oída una y otra vez no pierde su efecto de leve, pero significativo, impacto en el subconsciente, individual y colectivo: “Cada minuto, en el mundo, mueren, nacen, lloran, gozan, pierden su puesto de trabajo…tantas o tantas personas”. Podría parecer que únicamente cuando cuantificamos los hechos, o las consecuencias de ellos derivadas, los convertimos en algo así como un rótulo de neón al que dirigimos nuestra mirada, emocional y crítica, durante al menos unos instantes. Podría parecer que nuestra sensibilidad, no sé ya si decir “individual” o atreverme a llamarla, también,  “colectiva” existe, mantiene su pulso, late, balbucea, si la estimulamos con números.

Hoy me he despertado sin saber cuántas mujeres han abierto los ojos a un domingo que pasará, dentro de otros tantos domingos, inadvertido e incluso olvidado, pero leyendo palabras que se han dirigido a mi consciencia, como solo hacen las palabras que guardan la pretensión inexplicable de asentarse en el pensamiento para evitar que éste tome asiento y se anquilose, perdiendo su capacidad pro-activa y enriquecedora. Han sido las palabras, poéticamente certeras y ciertas, de Umberto Eco en su artículo de opinión en L’Expresso, Il Permesso d’uccidere, El permiso para matar.

No soy una entendida en leyes, ni siquiera en las leyes de la vida, paradoja enorme si tengo en cuenta que vivo, cada día, intentando comprender y aprehender la “legislación vital” que ordena, desordena, pausa, agita o mantiene ese acto múltiple y único, al que llamamos vivir, y sus secuelas. No soy alguien que comprenda y tenga conocimientos profundos de la idea-concepto de autoridad, como mucho puedo afirmarme como víctima de la autoridad en muchas de sus invisibles desinencias: víctima de la autoridad paterna, de la autoridad educativa, de la eclesiástica, de la familiar, la laboral, la política…de la autoridad y dictadura, no siempre placentera, de las emociones, del sentimientos, de los afectos y desafectos…Sí conozco la hipocresía. De hecho, la siento  a mi alrededor con excesiva frecuencia y, como dice Eco, la sentiría más si “nuestro juicio no estuviera tan nublado, porque entonces hallaríamos los puntos generales de las cosas”, el sentido común, ese que hemos convertido, desafortunadamente en no-común e incluso en hasta una “reliquia” de tiempos que quizás no fueron mejor y que, tal vez por esto, lo hicieron existir y desarrollarse en las mentes y almas, si acaso ambas existen, de los seres humanos.

Sinónimos casi exactos. Monedas que suenan casi del mismo modo al ser lanzadas al acto de existir.  Espejos donde se mira la misma imagen o imágenes que se reflejan en el mismo espejo. Caras casi idénticas del mismo rostro sin rostro. Sinónimos casi idénticos: autoridad,  hipocresía y ley, todas ellas aspirantes a liderar, con sus eufemismos, una realidad colectiva que nos invade la escasa realidad individual que el Estado, y sus dedos longitudinales y podridos, nos permite.

El término “autoridad” se remonta a la sociedad romana, que la concibió como una de los integrantes de una trilogía poderosa y perfectamente definible en aquellos tiempos: tradición, religión y autoridad eran las tres caras de una entelequia de vital importancia.  El vocablo autoridad ,autoritas,  deriva de un verbo que, aparentemente, nada tiene que ver con su significado: el verbo augure, aumentar .Este primer significado se asocia a la idea de que “que los que están en posición de la autoridad hacen cumplir, confirman o sancionan una línea de acción o de pensamiento” (Sartori). Si abandonamos la sociedad romana, el término cobra una dimensión múltiple, en la que destacan varias acepciones: atributo de una personas, cargos o trabajos que otorga un derecho a dar órdenes; relación entre los cargos de superior y subordinado; cualidad que hace que una orden se cumpla, y como base de un comportamiento (Peabody). La autoridad se ejerce, casi se “autoejerce” por la propia autoridad, o “se excede”,dentro de una organización administrativa, dentro del gobierno o corno autoridad académica (en este último sentido es sinónimo de “preparación” o “competencia”).

Ley, según Renard, es “la regla emanada de la voluntad autoritaria de los gobernantes”. Otros autores, menos sumisos, la definen como ” la regla social obligatoria establecida de modo permanente por la autoridad pública y sancionada por la fuerza”. Tras intentar ahondar en esta última idea, no es difícil llegar a considerar el significado del concepto de ley próximo a ser una “tentativa” de aprisionar el porvenir sujetándolo a una reglamentación. Teóricamente, la ley se dicta para el hombre, en cuanto a  miembro de la sociedad y está dirigida a regir o gobernar las relaciones intrapersonales, interindividuales, suponiendo que una voluntad superior manda sobre una voluntad inferior, que ha de obedecer y que, por su normatividad,  abarca un número indeterminado de hechos y rige a quienquiera que quede comprendido en el ámbito de su aplicación, lo que distingue a la ley de otras expresiones del poder público, tales como los actos administrativos.

Hipocresía es una palabra que, por desgracia, podría ser un término ya observable en el genoma humano si la ciencia decidiese, por su cuenta, convertirse en sarcástica herramienta que , con valentía, ridiculizase un poco más al hombre y pretendiese, con ello, aumentar la ínfima dosis de humildad que le caracteriza. Hipócrita proviene de la palabra griega hypokrites y se refiere a alguien que actúa o finge. Era costumbre de los actores griegos y romanos cubrir sus rostros con grandes máscaras y hablar con aparatos mecánicos para aumentar la fuerza de su voz. Estos actores, que escondían sus verdaderos rostros y cambiaban sus voces, eran llamados hypokrites, o “hipócritas”. Parece acercarse, como obvia consecuencia de relacionar hipocresía, ley y autoridad a la conclusión de que la autoridad dicta leyes que sabe sustentadas en la hipocresía; promueve, con autoritarismo, situaciones y promulgan ideas que ella misma no puede sustentar con un buen ejemplo. Que la ley enmascara la hipocresía de la propia ley o que la autoridad ejerce su hipocresía amparada por la ley serían únicamente dos deducciones de las muchas que podrían establecerse, no digo ya desde la razón o la lógica, que serían muchas más,  sino desde el juego “inocente” de combinar palabras y términos, en un juego de lenguaje, en este caso, increíblemente certero.

Eco comienza su artículo como yo he empezado los minutos que han transcurrido tras leerle: agitado el espíritu crítico con un dardo minúsculo, pero potente: la noticia de la ejecución en Virginia de Teresa Lewis por medio de una inyección letal. Condenada a muerte legalmente, con, por y sobre la LEY. Asesinada legalmente, con, por y sobre la LEY. Sin entrar en consideraciones éticas que rocen el juicio personal individual, la opinión íntima sobre el hecho y la situación que lo generó, aún a pesar de que no tendría inconveniente en expresar la mía, me encuentro con que la autoridad, amparada en la ley, asesina a una mujer, obtiene, gracias a la ley un permiso, legal, por supuesto, para asesinar a una persona, hecho que, de no haber sido “realizado” por la autoridad habría sido, paradójicamente, sancionado por ella misma, basándose en la Ley que ha dictado. Cacofonías de la idea. Redundancias del concepto. Absurdos e hipócritas silogismos donde A siempre es la autoridad y B siempre es aquello sobre lo que es susceptible de ser ejercida, o sobre-ejercida, la autoridad. Hipocresía de la hipocresía cuando detenemos el aliento, pausamos el pensamiento divergente y, como un haz de discernimiento que busca aprehender  la realidad y la vida, lo dirigimos, amparados en la brújula inagotable de las palabras escritas de Eco, a considerar el envés de la moneda: la noticia de que Admadineyad, el presidente de Irán, ha respondido a la presión política y pública manifestando una “intima duda” suya que podría resumirse en un interrogante similar a éste: se quejan ustedes de que queramos matar a una mujer iraní adúltera? ¿Ustedes? ¿Los que matan legalmente a Teresa Lewis? Más allá de los posicionamientos personales, quizás nos convendría buscar “el punto general de las cosas” que Eco añora en la sociedad actual, el sentido común, la mirada que nos haga preguntarnos cómo somos capaces de escudarnos en la hipocresía para criticar a ese líder antidemocrático, de un país supuestamente antidemocrático,  girando la cabeza y silbando, con el pensamiento, para no recordar que en algunos países “democráticos” de la Europa democrática o ya los supuestamente megademocráticos EEUU, se dan prácticas más crueles, castigos mortales, legales, eso sí, e “indoloros”, como una inyección letal. Carla Bruni y Michelle Obama, hoy domingo, se levantan, en distintos puntos geográficos del planeta, escandalizadas por las palabras del presidente iraní. Incluso se dice que ambas aducen que la inyección letal no es dolorosa mientras que la lapidación lo es, extremadamente dolorosa. No conozco las leyes con profundidad. No conozco la autoridad, pero sí, conozco la hipocresía y a veces, como esta mañana de fin de semana, reflexiono sobre ella.



2 comentarios el “AUTORIDAD, HIPOCRESÍA Y LEY

  1. Matapuces
    noviembre 12, 2010

    Me gustan tus reflexiones, hay una frase de Waldo Ralph Emerson sobre la hipocresía, y que también seria certera en muchas aspectos “Todo hombre es sincero a solas; en cuanto aparece una segunda persona empieza la hipocresía”, volviendo al escrito estoy de acuerdo con lo que has dicho, la autoridad y ley no deja ser un elemento opresor para los hombres, ni aún en viviendo en “democracias”, se ve esto como un hecho que reduce y a veces elimina la libertad individual.
    Saludos!

    • pura maria garcia
      noviembre 12, 2010

      Una frase perfecta y casi una verdad de las que me gustan: una verdad no-absoluta! Gracias por tu visita y tu acertado comentario, compartido al 100%
      Salud y pensamiento!

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