LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

TERRORISMO MEDIÁTICO

 

Hemos permitido que se instale en nuestras vidas, que ocupe un lugar respetable en nuestras manos, ante nuestra mirada, encima de las mesas, en nuestra esfera más intima. Hemos buscado términos eufemísticos tan idóneos que, en estos momentos, podríamos afirmar que somos responsables, TODOS, de haber hallado una palabra disfraz para ocultar una de las armas maléficas, con mayor poder dañino, que existen: el terrorismo mediático.

Se trata de un terrorismo que no sólo no se sanciona, sino que crece, en oleadas generalizadas e impulsadas por el veneno legalizado que se halla tras la putrefacta globalización cultural y al que media humanidad se suscribe, paga, compra, aplaude e incluso cita.

Si hace unas décadas, las palabras, y los conceptos, las ideas, la filosofía, o la ausencia de todas ellas, transmitidas por vía periodística o televisiva eran analizadas, en mayor o menor medida, antes de ser emitidas, por los periodistas, críticos, columnistas, articulistas y autores y, tras ser públicas, eran leídas, de nuevo en mayor o menor medida, con una mirada no carente de esa pupila crítica que nos hace estar seguros de que la única certeza es la no existencia de la verdad absoluta, hoy, la llamada era digital, ha ampliado el desvirtuamiento del periodismo y el análisis social, masificando de tal modo su práctica que, por algo más que una cuestión de vocales, los columnistas, por poner un ejemplo, se convierten en calumnistas por obra y gracia de una silla en un plató o el capricho del editor de un programa o un periódico, sin tener conocimiento de causa ni de lo que sus opiniones van a causar.

En un extraño proceso de búsqueda de equilibrio homeostático, muchas veces letal, la mayoría de  medios sociales (blogs, Twitter, Facebook, Youtube y otros) están equiparándose en podredumbre a los programas y periódicos ocupados por columnistas-calumnistas, periodistas que no lo son, vociferadores del “en contra por que sí”, representantes de la ausencia de consciencia social o, lo que es peor, endiosados ignorantes que se consideran ejemplos de la verdad, fuentse de la razón y de todo aquello que ha de ser creído, admitido, venerado y, por supuesto, seguido y practicado, por los escuchantes o lectores. Son los dioses que nacen, crecen y se propagan en extraña, maléfica y nociva mitosis, los columnistas-calumniostas, tertulianos y vocingleros, terroristas de la palabra y sus consecuencias, sepultadores de la verdad relativa bajo un manto casi divino de verdad ABSOLUTA que, curiosamente y por la dinámica putrefacta que ellos mismos instauran y perpetúan, es esa de lanzar una opinión o versión subjetiva, con disfraz de objetividad, de una noticia o hecho, y, en cuestión de tan sólo unas pocas horas, esconderla en la irrealidad del “debajo de la alfombra mediática”: “Lancemos una mentira, manipulemos al escuchante o al lector, a partir de MÍ opinión de TODÓLOGO, remunerado y licenciado por la Universidad del Misticismo y del “Por-que-yo-lo-valgo”, anestesiemos sus consciencias, instauremos la duda y la consternación y manipulemos, de nuevo, para hacerles correr en la carrera de una vida gris que les conducirá a la infelicidad y al consumismo compulsivo, desanimémosles, que dejen de creer que el cambio es posible y avancemos, con nuestro fascismo ideológico, sobre ellos, sobre su ausencia de “porqués” y de “para qués”.

 

 

 

Un periodista, un columnista es más que eso. No puede jamás ser fascista de la palabra, dictador de la idea, anestesista de la capacidad de ver, vivenciar, valorar y sentir que la crítica y la búsqueda de la verdad, aun dolorosa y cruenta, es la única brújula que nos permite caminar por una de las pocas sendas que nos aproxima a la libertad.

¿Qué extraño poder hace que un don o una doña se sienten en un plató o tomen el teclado de un ordenador y construyan, por cada uno de nosotros, un paisaje de la realidad, proclamándose tertulianos, contertulios o cómo quieran llamarse? ¿Qué les hace creer que las consecuencias de sus palabras y verdades a medias son nimias y, lo que es peor, poseen el derecho de emitirlas?

El terrorismo mediático está en nuestras manos cuando leemos artículos que buscan alienar nuestra opinión y nuestra mente, continuar el proceso social, permitido y sufragado por el poder y el estado, dirigido a hacer de nosotros unos zombies con arritmias y estrés, muertos de la idea, vivos del poseer y  atesorar a costa de quebrar el fiel de la balanza social que debería asegurar que TODOS tenemos DERECHO a un mínimo compartido y digno.

Terrorismo que mata, tras anestesiar y asfixiar, asolar y desolarnos, ese que puede hacer, como quedó y queda  cada día más patente, con las nuevas investigaciones que cada día ven la luz pública sobre procesos bélicos como la guerra de Irak, la herida que fue interesadamente acrecentada y propiciada por el terrorismo mediático y que ahora, que debería cicatrizar, permanece abierta, sin drenaje sanador posible, porque, curiosamente, el terrorismo mediático continua empeñado en ocultar el beneficio económico inconmensurable que supone la hemorragia de sufrimiento, pobreza y abandono, de ese pueblo oprimido, para las empresas constructoras americanas o las compañías, por citar dos de las decenas de ejemplos, de guardias y agentes de seguridad privadas que. Irónicamente, han visto aumentado la demanda de sus servicios para “vigilar y salvaguardar” las empresas e intereses americanos que, casualmente, han de permanecer en Irak y que, también por casualidad” se ven amenazados, siempre según las fuentes terroristas mediáticas, por esos “salvajes fanáticos, extremistas, islamistas y terroristas iraquíes”.

Hoy basta escribir en un buscador la expresión “muerte del periodismo” para tener acceso a innumerables y extremistas informes. En mi opinión, realizar genuflexiones ante ellos es sucumbir, también, en otra versión del mismo terrorismo mediático que desde aquí denunció.

El periodismo no ha muerto, sufre un proceso de cambio, signo inequívoco de su latencia, porque solo lo vivo cambia, solo lo vivo late y aspira a pervivir y sobrevivir. Es, o habría de ser, un periodismo donde los columnistas-calumnistas deberían ser una referencia de 2 líneas en la Wikipedia, un recuerdo, parte de una pesadilla que ha sido dejada atrás cuando se ha retirado la cortina opaca que nunca debería ocultar la verdad, integrada también con sus incertezas y dudas.

El periodismo vive, aún a pesar de aquellos que se empeñan en suponer la relación causa-efecto entre el acceso a la información y al cambio social que instaura y garantiza los valores democráticos.

No parece ser del todo cierto, como los anunciantes de la muerte del periodismo vienen anunciando, que únicamente por que se tenga acceso a la información, en bruto, “al peso”, por muy cierta que sea, se vaya a producir un cambio radical, una mejora social, una democratización ipso-facto y casi milagrosa. No es así. Wikileaks es un ejemplo de ello: ha distribuido el material informativo que ha conseguido a tres diarios que, entre otros criterios, supuestamente poseen el rasgo de estar, profesional, organizativa y económicamente, preparados para distribuir la información, PERO, además Y A LA VEZ, propiciar que la sociedad no solo la “engulla”, sino que la decodifique, la interprete, la juzgue, la recreé desde una visión crítica y autocrítica que borre la indiferencia que las balas envenenadas del terrorismo mediático han conseguido en nosotros a fuerza de sus reiterados y disimulados ataques.

Chomsky, en un artículo absolutamente fascinante, enumeró las 10 estrategias de manipulación mediática, el manual que siguen a pies juntillas los terroristas mediáticos. Luchemos, desde nuestra consciencia individual y colectiva, por contrarrestarlas, por no permitir que los medios nos apliquen la estrategia de la distracción, del crear problemas y después ofrecer las “soluciones” que ellos quieren imponer; la de la gradualidad; la de diferir; la de dirigirse al público como a criaturas de corta edad; la de utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión; la de mantener al público, NOSOTROS, en la ignorancia y la mediocridad; la de estimularnos a ser complacientes solo con lo mediocre; la de reforzar nuestra auto culpabilidad o, por último, la de pretender hacernos creer que nos conocen mejor que nosotros nos conocemos a nosotros mismos.

Un comentario el “TERRORISMO MEDIÁTICO

  1. Matapuces
    diciembre 3, 2010

    Molt bé Pura, la teva opinió sobre els mitjans de comunicació massius és objectiva i encertada.
    Salutacions!!

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