LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

JAQUE MATE DE OBAMA

La partida de ajedrez que enfrenta a Obama y a sus oponentes políticos se está jugando, desde hace dos años que se celebran precisamente hoy, en tableros múltiples, tiempos medidos y premeditados, jugadas diseñadas para crear en los americanos y los americanos injertados (nosotros, el mundo global, al que los EEUU está modelando progresivamente a su imagen y semejanza) distintas ilusiones ópticas, destinadas a impedir que contemplemos en algún momento la realidad de la realidad que ellos construyen. Los peones de la partida cambian de nacionalidad y de nombre, en cada jugada son unos u otros países, pero el rey de las figuras es siempre el beneficio que se esconde en la política del gobierno americano. Anoche, la Cámara de Representantes de EEUU aprobó, con una superioridad de 56 votos, la derogación de la ley que sustenta la reforma sanitaria presentada por Obama y sus asesores, el Health Care Plan. Se trata de uno de los generadores de esa ilusión óptica que el gobierno americano genera para que los ciudadanos americanos, y los del resto del mundo, desvíen la mínima mirada crítica que, a estas alturas, nos queda de otros problemas gravísimos como la crisis económica, la inutilidad y el lucro oculto, el juego sucio, que se esconde tras las acciones llamadas de “rescate económico”, las guerras latentes, las activas, las “por venir” y las verdades que se esconden, por ejemplo, en la participación americana en la OTAN y en las mentiras peligrosas que ocultan para justificar la existencia de esta falsa alianza militar.

El Health Care de Obama fue aprobado en 2010 por los demócratas y esgrimido como bandera del carácter SALVADOR y RENOVADOR del gobierno encabezado por quien quieren convertir en estratega político cuando, en realidad, no pasa de ser una marioneta bajo los hilos de las multinacionales, el poder y la banca americana, los verdaderos REYES de la partida de ajedrez americana.

La perfomance que sustentó el acto del rechazo de la ley, se inició, como mandan los buenos guiones fílmicos y los estrategas de marketing, con unas palabras que buscaban “tocar” el corazón de los americanos (sin toca, por supuesto, el corazón de la industria armamentística americana que promueve, permite e incita la tenencia y el uso de armas en los hogares de los americanos “demócratas”). Eran palabras que hacían referencia a la masacre de Tucson: “En el día después de la reciente tragedia de Tucson, todos estamos embarcados en un renovado compromiso de civismo”. La líder de la minoría demócrata, antigua presidenta de la Cámara de Representantes, anunció que se embarcaban en algo en lo que ya deberían estar embarcados desde hace mucho tiempo. Explicar al pueblo americano su intención cívica, como si ésta se tratase de un sarpullido o un virus nunca antes “padecido” por el “cuerpo demócrata” era, es, una evidencia de la falta de civismo que han mantenido, en el fondo y hasta la fecha, y una manera de decirle a los americanos que sus gobernantes son actores de un Hollywood político, constructores de guiones sociales, de ficciones, en los que, por desgracia, abundan los finales no-felices. El representante de la mayoría política no se quedó atrás y, en un tono un poco más “sensible”, explicó que “el debate político, tras los últimos acontecimientos estaría presidido por la decencia, manera sutil de ACEPTAR públicamente que ese valor  no está presente habitualmente en los debates políticos del país al que se dirigían.

Los republicanos comenzaron su campaña contra la ley de la reforma sanitaria definiéndola en términos absolutamente destructivos, tildándola de un arma que conseguiría a corto y medio plazo, la desaparición de un número considerable de puestos de trabajo. Escondían, además, que el temor comenzaba a cundir entre el secreto espíritu clasista americano: se iba a permitir a los miserables y pobres, “especialmente esos latinos y negros” que tuviesen acceso y facilidades para acogerse a la sanidad pública y eso pagado con el dinero de los clean American, de los americanos limpios, los que no pasan hambre y untan con mantequilla de cacahuete sus tostadas en el breakfast cada día ¿Cómo iban a consentir, los americanos buenos, que se empleasen recursos económicos para que 32 millones de americanos malos pudiesen recibir lo que es INDUDABLEMENTE un derecho: asistencia sanitaria?

La verdad se esconde tras el tablero y estas jugadas “de pega”. Las compañías aseguradoras, con la nueva ley, perderán una parte importantísima de ingresos ya que establecería la necesidad de una nueva regulación federal sobre las compañías aseguradoras y los incentivos que reciben, por poner un ejemplo, no por la calidad de la cobertura o la regulación de expedientes sino la cifra, el simple número, de casos que posee en sus memorandos anuales. La reforma planteada por Obama pretende rediseñar el sistema sanitario americano con un objetivo primordial: reducir la ineficacia, probada por los estudios previos elaborados a la propuesta, y los gastos a través de varios puntos fundamentales: la introducción de las nuevas tecnologías en el sistema (sorprendentemente, la cuna de Microsoft y otras compañías relacionadas con las tecnologías más innovadoras, conserva medios de registro de información y trato al paciente que podrían ser considerados como la edad de piedra tecnológica); la inclusión de recursos destinados a incrementar notablemente los planes para la prevención de enfermedades y los programas de atención a los pacientes aquejados de enfermedades crónicas (detalle que, como es deducible por cualquiera, significaría que las compañías multinacionales y poderosas, fabricantes de productos farmacéuticos que, en un secreto a voces, se esfuerzan en elaborar medicamentos que no curen sino que cronifiquen las enfermedades más habituales, perderían una cantidad de ingresos notable a los que, con sobornos o favores, no van en absoluto a renunciar); la reforma del ambiente estructural y organizativo del sistema de salud americana, introduciendo elementos de gestión de la calidad y del componente de la valoración de resultados y competitividad (lo que, a las claras, implica reconocer que el sistema actual funciona con un aire de “funcionariado” en el que no importa demasiado los resultados que se destaquen entre otros); el ofrecimiento de cobertura social federal, federal Reinsurance, a los usuarios que sufran situaciones de catástrofes naturales, atentados, etc. para evitar que éstos, en esos casos, “mueran” literalmente al tratar de afrontar los gastos de su seguro privado.

La reforma, además, es una amenaza, la declaración de enfrentamiento, a las claras, con las compañías aseguradoras médicas. Dichas compañías, potentísimos agentes de la economía americana, favorecedoras de “políticos” a los que seleccionan e impulsan, y sufragan, para que alcancen en determinados estados y estamentos puestos de poder, y a los que “piden” la devolución del buen acto de apoyarles, traduciéndolo en favores boomerang,  van a perder muchos derechos adquiridos y mantenidos durante décadas, por ejemplo el de rechazar clientes una vez contraen “ciertas” enfermedades. El gasto generado por el sistema de seguros privados en EEUU es altísimo, justificado año tras año con gastos desorbitados en campañas de marketing, esas que caracterizan el American Style, sueldos desproporcionados a sus ejecutivos, accionistas y contable, etc. Las aseguradoras están más que habituadas a obtener beneficios astronómicos, baste comentar que una de las personas que encabeza la lista, elaborada por THE NEW YORK TIMES,  de personajes mejor pagados de los EEUU es W. Maguire, presidente de la compañía UNITED HEALTH GROUP. Para estas empresas, la forma óptima de obtener beneficios es negar la atención médica y hacer el truco de magia de la letra pequeña y las trampas legales: se abren las pólizas, generalmente con un coste para el cliente, que se siente intranquilo y busca cubrir sus espaldas y la de su familia,  nada despreciable; se actualizan y, tras un período más o menos largo, se revisan y se “busca” con desmesura alguna enfermedad, las leves son las más apreciadas en esta búsqueda obsesiva, que no haya declarado el paciente, o una condición pre-existente, y se cancela la póliza, asegurándose los ingresos “en limpio” de la misma. Esta descripción no es ficción, es una traducción de las confesiones que, en su día, realizó W. Potter, un ex alto ejecutivo de una importante aseguradora médica, CIGNA.

Obama se enfrenta al lobby de estas compañías ya que pretende extender la cobertura sanitaria a millones de americanos que entrarían a formar parte de los usuarios de una nueva modalidad de seguro público. El resto de millones de americanos “buenos”, que no conocen el desesperante sabor la desatención médica porque gozan de ella desde siempre, se niega a seguir la iniciativa de Obama, entre otros motivos, porque no están dispuestos a pagar con sus impuestos ese seguro médico público que menguará los beneficios de las aseguradoras, que iniciaron hace meses campañas publicitarias en las que esgrimen eslóganes como “Nosotros lo podemos hacer mejor que un sistema sanitario dependiente del gobierno” , y de las compañías farmacéuticas.

Pretender enfrentarse al lobby farmacéutico, al mismo que sufraga campañas políticas, impulsa políticos-títeres, consigue favores a partir de “donaciones desinteresadas”, el mismo con quien el gobierno, parte de él, tiene compromisos adquiridos es un JAQUE-MATE atrevido. Algunos analistas creen que, sabiendo la poca probabilidad de éxito de la reforma, ya intentada en el pasado por otros presidentes, de uno u otro modo, se trata, DE NUEVO, de una estratagema para que OBAMA recobre popularidad y sea visto como ese “negro que quiere hacer cosas buenas por el pueblo y a quien no se lo permiten”, eso significaría dotarle de un aura de “victima” que, muy probablemente, daría un impulso notable a su dañada imagen.

En el fondo, lo que resulta indignante, más allá de las consideraciones explicadas, es que quienes juegan a este AJEDREZ PODRIDO-POLÍTICO dan por hecho que nosotros, el TODOS GLOBAL, ni siquiera intuimos su sucio juego.

 

 

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