LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

KAOS EN EL KAOS: SOBRE LA MUERTE, EL SILENCIO, HIROSHIMA…

 

AULLIDO

para Carl Solomon

“He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose de madrugada por las calles de los negros buscando el pico rabioso, ángeles rebeldes quemando por la vieja conexión celestial hacia la dínamo estrellada en la maquinaria de la noche, que pobres y andrajosos y ojerosos y colocados se pasaron la noche fumando en la sobrenatural oscuridad de agujeros flotando sobre las azoteas de las ciudades contemplando el jazz, (…)”

ALLEN GINSBERG. POEMAS ESCOGIDOS

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Poco queda en las afueras de un kaos que se extiende y sustituye al universo y las estrellas que ancianos, vestidos con la idea y armados de palabras, contemplaban para resolver la adivinanza de la esfinge. Todo es la noche oscura, en una noche oscura que nos envuelve a todos: a unos con telas que se cierran en dobladillos marcados con pespuntes idealistas; a otros, con harapos de la oportunidad que perdieron por el azar o por haber sido mecidos en la cuna miserable de la miseria que azota a los continentes sometidos. Ya no quedan astros que se atrevan a danzar como satélites de un Planeta que simula respira, pero que, en realidad, dosifica su último estertor antes de empujar el émbolo transparente de su gigante jeringuilla.

Nos miramos sin mirarnos: nuestro ombligo es el big-bang del que nace nuestro ego de arena movediza; nos hablamos a través de letras pegadas a titulares tan falsos como los apellidos que no nos pertenecen; fabricamos los espejos, a medida en los que mirarnos las manos sin ver la sangre que baña la empuñadura de sus dedos; nos dejamos gobernar por lobos sin extremidades ni cabeza, con mandíbulas asesinas, galardonadas con títulos de papel que, a escondidas firmamos. Es la realidad quien nos interpreta y no nosotros quienes la observamos.

Han fallecido las esperanzas bajo un hongo de polvo mortífero que sobrevuela como un ave carroñera sobre los despojos que, como mucho, quedarán de nuestros hijos cuando ni siquiera tengan memoria para recordarnos. Se cierran las puertas, las manos. Los océanos, como vasos, se vacían. No hay una silla para que descanse el que no tiene qué llevarse a la boca ni a los ojos. Piensa lo podrido por nosotros, rapta la voluntad que aún nos quedaba, hasta ayer dormida en la ausencia de un movimiento, del paso que jamás daremos, por temer no despertar el temor en los débiles. Somos altos únicamente si pisoteamos al otro que nos escucha, bajo un cartón podrido de podrida tristeza. No queda un suelo sueño, ni sus sombras. Otros, los que tienen las manos ínfimas pero empuñan las armas que nos matan, asesinan nuestra sonrisa, violan a nuestras hermanas y nos rompen la garganta para que el silencio sea la única voz que nos conecta.

Las calles son cómplices ahora de los que engullen a hombres y mujeres que no pueden esquivar a los tanques que aran con la muerte los campos de la vida. En Libia, en Cuba, en las islas cerradas con candado, en los sueños secuestrados, en las cinco flores que resisten a la muerte, prisioneras en manos de la mentira que crece y se expande, como el día. En los lugares construidos con hambre, los desiertos, en la habitación inexistente de las chabolas rotas, en las bocas de los niños de El Chaco, que se nutren de lágrimas y bocados reales de arena infectada con nuestra indiferencia. En las falsedades voceadas por los mentirosos. En las muñecas y tobillos, pretendidamente limpios, de los terroristas con cargo que juzgan a otros terroristas. En el fondo de los ojos de los ciegos enceguecidos que, sin permiso nos gobiernan,…

Caerá la noche oscura sobre ellos, las maldiciones del lenguaje que no es impronunciable. Les rendirán las cuentas los instantes de negro con los que nos amortajaran, el día en que no sepan qué más hacer para saciar el infinito hambre de su hambre. Sólo existirá un volcán aún encendido, un cráter gigantesco, inacabable, ajeno al fuego asesino que desde lo alto de lo alto se ensaña en hacernos arder el alma y sus recodos, una punta de espada inquebrantable, la luz concéntrica de la rabia que nos mantiene la lucha en la esperanza. Los que matan a los que aún no estamos muertos no matarán la voz de la palabra, no quemará las huellas que dejan los pies que se niegan al descanso. Desde el frente incorpóreo de la libertad viva, no nos cerraremos la boca con sus manos, ni temeremos sucumbir a su chantaje.

La REVOLUCIÓN es la única calle con salida, nos conduce con su fuerza a cualquier parte.

FOTOGRAFIA DE 100 imágenes de HIROSHIMA

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