LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

EL ARMA NUCLEAR: UN BOOMERANG LETAL

FOTOGRAFÍA TOMADA DE EL IMPERDIBLE

Cada sacudida desde el interior de la tierra, en Japón, debería convertirse en una sacudida dentro de nosotros, un terremoto de intensidad mucho mayor que la que miden las escalas y los índices, provocar una reacción que más allá del shock, nos moviera a la concienciación y al levantamiento ante dos hechos: la mentira nuclear y la ambición que se oculta tras el enriquecimiento de los que pretenden hacernos ver que no pasa nada, que contamos para ellos, que estamos “sanos y a salvo”.

Parece que Japón queda lejos, muy lejos. Parece que los números que clasifican el desastre que ha generado la cadena de hechos tras el “incidente” como algunos denominan lo sucedido en Fukushima, son cifras que cambian y crecen, pero que no nos recuerdan a estas alturas, después de un mes, que cada número entraña un paso de acercamiento a la muerte y a la destrucción, progresiva y masiva, que excede el territorio japonés y afecta, afectará durante años, al planeta.

La doctora Rosalie Bertell, científica reconocida mundialmente y especializada en temas de energía y sostenibilidad, ha expresado, con la firmeza que caracteriza su postura activa frente a la destrucción del medio ambiente y las mentiras “oficiales” utilizadas para enmascararla, que “si la ciudadanía descubrieran un tercio del verdadero coste de la contaminación nuclear, no existiría ni una sola persona que no se alzase contra ella, no habría nadie que colaborase, como actualmente sucede, de una manera tan activa al suicidio, lento y masivo, que la energía y las centrales nucleares nos imponen”.

Las centrales nucleares son, por ellas mismas, un boomerang gigante, lanzado en su momento por las manos de los ambiciosos y corruptos que se aferran al poder para lograr el control del “mundo”, que regresa, está regresando continuamente desde entonces, clavando su filo letal sobre nuestras vidas, en un proceso imperceptible hasta que, catástrofes como la de Fukushima, lo hacen constatable ante la mirada global. Boomerang letal, sostenido sobre mentiras. En Japón se han utilizado las mismas estrategias mediáticas y de control para ocultar la verdad, esa que intranquilizaría a la población y que, sin duda, quebraría esa especie de pasividad social e individual, a la que somos adictos y que nos hace sobre-infra-vivir en un estado característico de zombies del que, me temo, no vamos a despertar fácilmente. Es curioso cómo, a pesar de las diferencias ideológicas, culturales y sociales que milagrosamente todavía pudieran quedar entre países diferentes, superando la pandemia de la “globalización”, existen estrategias comunes de control sobre la ciudadanía. Me estoy refiriendo a la desinformación y a las mentiras-disfrazadas de verdad, que los gobiernos utilizan, a dosis calculadas y con premeditación, para mantener “quietos” a los zombies que les votan, les refrendan y apoyan, por acción u omisión, en sus megalomanías eternas. En todas las catástrofes hay una fase en la que los gobiernos mantienen cierto silencio, interpretado por la población como un espacio de “cautela” y de “análisis científico y exhausto”, destinado a informar, posteriormente, a la ciudadanía, a esos hombres y mujeres que son “tan importantes” para el poder que merecen la precaución antes de ser informados.

Primer error, equivocación de base: los gobiernos -que en el fondo de un modo u otro están tras las catástrofes por haber consentido, promovido o ignorado, en muchos casos, los elementos desencadenantes, relacionados siempre con el dinero y el poder- utilizan ese tiempo posterior, el del shock, para decidir cómo ocultan y disfrazan lo sucedido para que los efectos en el teatro bursátil, la economía y sus perfomances y las relaciones entre países  sufran los mínimos daños, las mínimas alteraciones. Qué opinen los ciudadanos pasa no ya a un segundo plano sino a un plano mucho más lejano. Antes de que la poca consciencia social que les queda, nos queda, a los zombies habitantes del planeta, se remueva e impulsados, fundamentalmente, por la innegable evidencia que actualmente se deriva del flujo informativo que emana de internet y la rapidez de intercambio de imágenes y noticias, propiciada también por las redes sociales, el poder abre la boca y lanza la primera dosis de información, la suficiente para que el “problema”, la evidencia de la catástrofe, se acepte. Primera regla de oro en la gestión de conflictos: cuando un problema se acepta, se le pone nombre, desciende el nivel de estrés general y se produce la falsa tranquilidad que los humanos, en su estupidez, encuentran en el mero hecho de “nombrar” lo que pasa a su alrededor: “Si tiene nombre, si lo conozco, lo podré dominar y resolver, YO, el superhombre, superdueño superior del planeta”.

La primera fase está en marcha y, por desgracia para el poder, nunca permanece estable. Al contrario, se turba por nuevos acontecimientos o la aparición de evidencias o algunas voces que cuestionan la dosis inicial de desinformación. Algunos atan cabos y no lo hacen al gusto del poderoso.

Basta recordar lo que sucedió en el incendio masivo del Sur de California en 2003: más de tres semanas de fuego incontrolable que, según las voces oficiales, tuvo incidencia en las vidas de personas y animales, la destrucción de espacios verdes y hogares, pero NO en el aire que respiraron los supervivientes y llenó sus pulmones de semillas de “muerte y enfermedad”. Los científicos disidentes del grupo de zombies oficiales clamaron, ya entonces, que el nivel y la cantidad de toxinas que se detectaron, Y MIDIERON, en el aire era tan elevado que no había escala que pudiese medirlos. Allí también se produjo esa segunda fase del proceso, que iguala y hace idénticos a los gobiernos podridos, indistintamente de la ideología que los sustenta: la aceptación oficial, la aparente aceptación. En la mayoría de casos, se procede, con una solemnidad de igual nivel que la falsedad y la premeditación que esconde, a decir en los medios oficiales que SE DECLARA UNA CATÁSTROFE NACIONAL, el estado oficial de emergencia, zona catastrófica o cualquiera que sea el término elegido. PALABRAS. En la mayoría de los casos, en las catástrofes importantes, tras esta declaración, la acción no es la esperada, la necesaria, la que cubre las expectativas de los seres que están inmersos en ellas. Poco se hizo en el incendio de California, poco tras los dos o tres primeros días, los que importan, los que equivalen a los cinco primeros minutos que, según las estrategias de marketing y las relaciones personales enuncian como “vitales” para causar una buena impresión en el otro. El problema es que aquí, “el otro” del estado es  un “otro” colectivo y numeroso: los ciudadanos. En California, el desastre, las consecuencias, se fueron diluyendo, las compañías aseguradoras se negaron, argumentando la falta de liquidez y el estado de crisis financiera, a pagar lo que debían en indemnizaciones más que justificadas y otros temas “importantes” fueron, como siempre sucede en esta humanidad de medio-vivos, tapando la vigencia y la importancia de las secuelas del desastre, fundamentalmente la contaminación tóxica del aire que, según la mayoría de especialistas, afectará y afecta a cientos de personas que desconocen la relación de sus dolencias respiratorias, o sus muertes, con el incendio.

La tercera fase de toda esta mentira, que trata de ocultad la verdad de los desastres que nos afectan a todos, es la utilización política que se hace de las causas (las que “oficialmente “se reconocen, que no siempre coinciden con las reales) y el stand-by en el que quedan preguntas, jamás presentes en ni una sola noticia de los terroristas mediáticos:

¿Por qué nadie nos explica qué está sucediendo, TODAVÍA, tras más de 18 meses, en el GOLFO DE MÉJICO y alrededores, a causa del desastre originado por el accidente en  la plataforma petrolífera? ¿Por qué nadie explica quién está consintiendo medidas “a medias” para hacer ver que se intentan frenar las consecuencias LETALES, utilizando, por ejemplo, COREXIT, un producto PROHIBIDO por su toxicidad en Europa? ¿Qué mente perversa y qué intereses económicos se esconden tras el interés por “mantener” el desastre, sus consecuencias, y así poder enriquecerse con los “productos” usados para “no-resolver” la situación?

¿Por qué se oculta que existen en la central de Fukushima residuos de más de 40 años de “aprovechamiento nuclear”? ¿Por qué no advertirnos de que hay más depósitos, lo que implica la existencia de una cantidad INDETERMINADA E INMENSA de radioactividad, peligrosamente “no almacenada” ya que no se ha instalado la capa de agua del volumen necesario para su falso “aislamiento”, los 40 pies que las normas nucleares “aconsejan”? ¿Cómo se atreven a callar, a mentirnos, acerca de la perdurabilidad del daño letal de la catástrofe, cuando se sabe que la vida media de las partículas radioactivas es extensísima, superior a 100 años? ¿Creen que no sabemos que tanto en Fukushima como en Chernobyl prevalece la ambición económica de las empresas sobre el deseo de proteger a la ciudadanía? ¿Por qué no nos explican que hay mediciones de niveles de radiación que ya han sido detectados en Washington y que exceden el nivel “admitido”?

Es ya muy difícil convencernos: la energía nuclear no ha sido NUNCA segura; NUNCA se nos ha dicho la verdad respecto a sus consecuencias, respecto a los beneficios que los gobiernos, especialmente el americano, han permitido a las compañías encargadas de la energía nuclear, como lo hacen con las farmacéuticas que nos matan lentamente al diseñar medicamentos para cronificar y eternizar las enfermedades; NUNCA se nos ha informado de que existen, por ejemplo, en los Estados Unidos 1.623 instalaciones, como la Reserva Nuclear de Hanford, relacionadas directamente con la energía nuclear, contaminando la tierra desde hace décadas, y construidas SOBRE terrenos que se saben de ALTO RIESGO en relación a movimientos sísmicos; NUNCA se nos ha contado que actualmente continúan siendo estudiados y analizados los supervivientes  de las bombas de HIROSHIMA y  NAGASAKI y los de CHERNOBYL y que los resultados de los estudios y la pervivencia del daño psicológico y físico es altísima y GRAVÍSIMA; NUNCA se han detenido a explicarnos que los problemas actuales en IRAQ no solo se deben a la invasión colonizadora americano-europea sino que, AUNQUE ESTÉ OCULTÁNDOSE PREMEDITAMENTE, hay unos daños ENORMES que se derivan del uso que los americanos hicieron de bombas y mísiles conteniendo uranio, las mismas que ENVENENARON a la población y que continúan desatando cánceres y enfermedades en los ciudadanos, noamericanos, por supuesto y que impacta e impactará, SIN DUDA, en su sistema inmunitario, como en el de TODOS,  a nivel celular, en su ADN; NUNCA se han molestado en aceptar que hasta hoy han sido vertidas miles de toneladas de COREXIT 9500, junto al compuesto denominado SYNTHIA, una bacteria sintética alterada y modificada genéticamente, productos que SON LA MUERTE para humanos y especies vivas en el GOLFO de MÉJICO y las tierras próximas.

La cuarta fase, la que queda tras las preguntas que sobrevuelan el aire muerto que nos deja la energía nuclear, es la permisión, por parte del poder, de una muerte lenta de la población, por envenenamiento encubierto, una muerte que sería respetable si se tratase de una EUTANASIA libremente elegida, pero que, al contrario, tiene un nombre que no podemos ignorar: GENOCIDIO MASIVO.

Léelo en PORTAL LIBERTARIO OACA

Un comentario el “EL ARMA NUCLEAR: UN BOOMERANG LETAL

  1. jose
    abril 18, 2011

    No parece advertirse que el estado mundial de cosas vaya a cambiar, ni siquiera a medio plazo. Me atrevería incluso a decir que en las últimas décadas se ha acelerado el trasvase de poder hacia la más repulsiva e inmunda oligarquía del capital, trasvase que parece haberse acelerado desde la caída del bloque soviético.
    Los oligarcas han desechado ya la vergüenza (me refiero al recelo o reparo de aparecer como predadores, no a un pundonor que nunca pudieron tener: es ajeno a su clase). Los valores han cambiado radicalmente, o más bien, se han trastocado, se han puesto patas arriba de modo tal, que actualmente se comprueba que cada vez más individuos sienten como permisible, e incluso lícita, cualquier actividad que procure bienestar, independientemente de su legitimidad, y esto se manifiesta sin la menor reserva, sin el más leve recato.
    La trama que los oligarcas han creado para proteger sus latrocinios es de tal magnitud y perfección que no deja resquicios para una defensa –que se torna imposible– por parte de la masa humana, y llega, en el colmo de su perfección, a hacer que se conviertan en modelos a seguir, como se indica.
    No, no parece que se avisten en el horizonte los aires de cambio necesarios para subvertir toda esta mierda. En mi opinión, los movimientos que desde hace pocos años parecen ir en esa dirección contienen, a mi juicio, algo sospechoso, no parecen fiables, no son claramente sinceros ni legítimos. Huelen a algo.

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