LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

Cambiar de chaqueta o de la camorra “alemanoamericanainglesa” y el miedo de Sarkozy…

El hoy de Francia tiene un precedente, y un riesgo, que se remonta a situaciones anteriores, muy anteriores, hechos y momentos críticos que no sucedieron únicamente en tierras galas. Es un hoy que no puede deslindarse, es cierto, del presente común que nos ahoga, caído como una losa, previsto, por quienes no avisaron y nada hicieron por evitar las consecuencias, e imprevisto por quienes ahora las padecemos.

Hay precedentes del mal francés, y no sólo me refiero a algo que bien podría compararse a lo que sucede en Europa, el mal francés, la sífilis, una epidemia. Hay un algo más que tiene, más allá de cualquier análisis profundo, la sencillez de ser un AVISO para el resto de países y ciudadanos del continente que supuestamente representa la cultura y los valores de este mundo a punto de reventar.

Francia,  su clase política, ha tenido, desde siempre, esa tendencia al recuerdo permanente de su pasado napoleónico, su natural apego al disfraz del caudillo-emperador que dirige a sus súbditos, avalado por un poder que podría eclipsar a astros como el Sol. La degeneración que constituye el denominador común de los políticos (a veces se niega el teclado a escribir, juntas, palabras hoy tan antagónicas como “política” y “clase”) ha alcanzado cotas inigualables que exceden, incluso, las afirmaciones de las teorías antropológicas o sociológicas que afirman, rotundamente, la naturaleza no muy positiva del ser humano, en conjunto. Pero incluso la degeneración evoluciona y genera monstruos intangibles que, a veces, como es el caso francés, tienen rostro, identidad, nombre y apellido.

El pequeño caudillo con aspiraciones a Rey Sol, Sarkozy, es un buen ejemplo. Vendió su alma a Alemania cuando intuyó que la fuerza de Merkel, su inexistente visión más allá de los Länder que su ambición como política le marcaba como conseguir en unas elecciones, haría detonar la mecha de la crisis en Europa y el inicio de una fase de promesas, tejes y manejes, débitos y sumisiones de países que, temerosos ante el brazo de hierro de la señora con nombre contrario a su esencia, Angela de ángel no tiene nada, se comprometían a ceder, clavar la rodilla y cerrar la boca. Hasta aquí, lo que los políticos hicieran, como individuos, no tendría mayor importancia, pero recordar que teóricamente son la voz de nuestras gargantas y quienes nos “dirigen” nos hace levantarnos.

Sarkozy pactó con Merkel y se vendió, a él y a Francia. Pactó y prometió y aceptó destinar fondos franceses, en cantidad nada desdeñable, a guerras, mantenimiento de la Otan y otros actos de pleitesía a América y su capitán, el inoperante Obama. Se vendió y se unió a la mercenaria clase política del Reino Unido, seguros de que la tríada Alemania-Francia-Reino Unido sería la cabeza de un águila que sobrevolaría, sin resistencia, por el cielo gris de una Europa sin trabajo, atención médica, ni casas habitadas.

Hasta tal punto se vendió que hubo de participar, “Je suis désolé, que je ne pouvais pas faire autrement, les circonstances m’a obligé”, se atrevería a haber dicho, en el genocidio de Libia, empuñando un tercio del arma que acabo con la vida de Libia, asesinando, gracias a la inversión en armamento de mucho del dinero que era de los ciudadanos de Francia, hoy sufridores también de esta crisis global, a quien, en su momento le financió, con unto y moneda, su campaña electoral, su entonces cher amie Gadaffi.

Hoy Sarkozy “debe” favores y no ha cumplido (y no lo podrá hacer si no obtiene el éxito en  las próximas elecciones francesas) con las “promesas” que hizo a Alemania, Estados Unidos y Reino Unido. Su desesperación va más allá de intuir que su trono dorado corre “cierto” peligro, de que esos centímetros de más, que engrandecen su escasa estatura física, otorgados por el napoleónico cargo de Président de la République, pueden desvanecerse y existe la posibilidad de que quede desnudo y ridículo ante su pueblo cuando el invisible traje del emperador con el que viste caiga sobre un suelo, cada vez más pobre.

Desesperado y enloquecido por el terror de no ser quien creyó, por un tiempo, ser, ha decidido buscar el apoyo de la derecha, girar la poca ideología que le sostenía (porque…el poder y la ambición…no es una ideología ¿verdad?) y cantar el estribillo de una canción que todos conocemos: J’ai changée de veste (he cambiado de chaqueta)

Todo para evitar que al no haber cumplido sus promesas, la camorra “ALEMANIAREINOUNIDOESTADOSUNIDOS” venga a por él y le corté el meñique, para dejarlo colgado de un hilo a la puerta de cualquier edificio social con la nota: Mirad que sucede con los que no tienen palabra.

Busca desesperado los votos. También los de los ultraderechistas, fascistas xenófobos, y les presenta el caramelo de que, si gana, las políticas de emigración se endurecerán tanto que Francia, al fin, será patria nada más de los franceses. Y el pequeño caudillo, que además de padecer delirios de grandeza es un verdadero maestro del juego sucio político, para cubrirse las espaldas y aproximarse al vulgo dice que “no es cuestión de ideologías, sino de sentido común: yo únicamente me hago eco de la voz de la mayoría de los ciudadanos franceses, que nos piden a quienes velamos por ellos y les representamos, que tengamos en cuenta que nuestro país no puede seguir recibiendo a tantos extranjeros. Debemos plantearnos que Francia no puede ser un hotel para árabes y personas de otras nacionalidades, de inmigrantes”, cuyo número ha prometido, a los fascistas de la ultraderecha francesa, reducir, con el colofón de la promesa de realizar una prueba de idioma EXCLUSORIA a cualquier persona que quiera llegar entrar a Francia.

Va más allá este pequeño cobarde, que necesita el escudo de erigirse representante de TODOS, y se ha atrevido a anunciar que en unos días convencerá al resto de países de la Unión (¿) Europea para que suscriban las mismas medidas.

El argumento: la crisis.

La realidad: la homofobia, la corrupción, el seguir buscando como cabeza de turco a los más desfavorecidos, un afán por cerrar las fronteras y que nada “contagie” la pulcritud de Francia.

El objetivo: perpetuar el poder y ¡salvar el meñique!

Léelo, junto a otros artículos de actualidad, en KAOS EN LA RED , DIARIO OCTUBRE y PORTAL OACA

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