LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

PALABRAS A JULIO CORTÁZAR: PEDIR UN LATIDO DE FUTURO

He comprendido la muerte, al menos una parte, cuando he visto tu nombre, cincelado, valiente, sobre la losa blanca. Te he escuchado en su silencio, llevándome a pensar, imaginar, que el tiempo, al fin y al cabo, es un andén vacío que se llena, como un absurdo vaso, de viajeros instantes, transeúntes efímeros que jamás toman el tren, por temor a no regresar del reloj sin agujas que la vida les dio, cuando nacieron.

He comprendido el amor, al menos en su sombra, dos líneas escritas bajo la voz sutil de la palabra, sin fronteras el alma, sin recuerdos, un vacío distinto al de la negra noche, pero vacío al fin, como los huecos besos que se omiten.

He alcanzado, por un segundo ingrávido, a entender que, desde dentro, ha de manar el valor para iniciar el viaje sin retorno que es vivir. Árboles alzados sobre una tierra que es bella, para unos, e ingrata para las bocas hambrientas que no se atreven a nombrarla. Ríos que recorren, en devastados países, lo poco que aún le queda a la mar para verterse. Leña, en un pasado colectivo que, en la romántica idea que nos instilan los versos de avanzados poetas, se llama lucha y son las uñas con las que nos intentamos sujetar a la esperanza.

¿Por qué los continentes ya no son más las sábanas sin sombra donde las risas vuelan?

He visto, por fin, las muecas del dolor de un niño vagabundo, rebuscando en cubos de lodo y de inmundicia para hallar la sonrisa que el presente le niega. Y, sin timón, barcos con piernas, y brazos mutilados, y decepcionadas miradas que ni tan solo al alba ya se buscan.

No quedan mares. No hay anclas que  los aten a un fondo abisal donde la opresión vaticina peces de aletas asesinas y momentos de dolor que atacan, por la espalda, a la esperanza.

Y entonces, cuando está todo perdido, todo huele al plástico de un futuro que es una flecha sin origen; cuando no sabemos qué guardar en los vacíos bolsillos del ahora; cuando parece que una brizna de silencio llena la espalda rocosa del planeta, eriges la palabra, la desgranas, la enracimas como gajo insuperable que todo lo explica dejando caer sobre ella las preguntas que se saben sin respuesta. Entonces, te escucho cantarle a Nicaragua y a su pueblo; pensar en la Cuba que asedian los incansables tiburones; conversar con la América que nunca fue de nadie, sino del aire y del fusil, del cielo inmenso, del afrontar la soledad continental, de no esconderse y mirar, desde los ojos sin miedo, de tu existir en cada verso, en cada frase.

He entendido, al final, que tenemos el derecho a “pedir un latido de futuro”.

Léelo, junto con otras notícias, en PORTAL OACA

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