LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

CARTA CERRADA A RAJOY, EL PRESIDENTE QUE NO ME REPRESENTA

“El presidente sí tiene quien le escriba”

03/10/2012

Mi nada estimado, ni querido señor Rajoy,

Le escribo esta carta, encabezada con la expresión “carta cerrada” a un presidente que no me preside, ni representa, porque no espero que la lea, permanecerá cerrada y porque leer sus declaraciones, y las de su equipo de presidentes autonómicos, me ha llevado, finalmente, a decidir que jamás, a partir de cuando acabe estas palabras, volveré a escribir nada sobre usted.

No me gusta.

No me gusta nada.

No me gusta usted, en absoluto. Nunca lo ha hecho, pero entiendo que convivir implica respetar, por lo que me he mordido la lengua y controlado mis impulsos de desconectar el televisor, la radio o practicar el origami con las páginas de diario que le tenían a usted como tema central. He evitado, también, hacerle el juego, a usted y los suyos, para no caer en la jugada del puntapié al perro de Paulov y, con cada una de sus inmorales declaraciones, controlar mi reacción lógica de entrar en el debate, mental, porque usted el significado de debate no lo ha entendido nunca, y perder minutos de mi existencia dirigiéndome a quien en su diccionario particular ha sustituido, hace mucho, la palabra “escuchar” por “imponer al otro”.

Esta mañana, hace unas horas, al escuchar sus (penúltimas y vacías) palabras he tomado la decisión de contestarle. A usted, me consta por las evidentes pruebas que ha dado de que pasa absolutamente de lo que pensemos, necesitemos o reivindiquemos, le importará un rábano leerme, si acaso lo hiciera, pero me lo debo, me debo unos minutos de expresión de mi pequeña verdad. Escribiendo esto, no le gustaría nada verme, miro de reojo por si acaso, por si se acerca y aparece, de repente, la sheriff de Madriz, su gran amiga y promotora de “nuevos decretos para que no se desmadre el populacho” la señora Cifuentes, llega con la porra en mano, sabuesos entrenados y polis disfrazados de malos, con el atrezzo cuidadosamente planificado, incluso un piercing para darles un toque de “modernor”, con gesto de querer reducirme, síndrome que ya no le abandonará después de las palizas que repartieron el 25-S.

No me gusta su seseo. No me refiero a su seseo lingüístico, sino al ideológico. Su oscilación o, mejor dicho, su indefinición, la ausencia de ideología, la forma en la que está incluso atreviéndose a legitimar las mentiras oficiales, las suyas y las de su equipo, haciéndolas ya un “clásico” sin el que no se comprende la práctica política.

No me gusta en absoluto el nivel de destreza que está alcanzando para hacerse el sueco, ya quisiera usted parecerse en algo a los civilizados y prácticos suecos, y atrincherarse en una amnesia permanente, solo rota cuando a usted y los suyos le interesa. Olvida usted, muy fácilmente, los números bailantes de presupuestos, las cifras que prometió descenderían (el paro, la inseguridad, las listas de espera, el absentismo escolar y un etc. largísimo)  o ascenderían (los puestos de trabajo, la inversión en los jóvenes, su educación y formación; los mayores, sus cuidados y pensiones; etc.) Usted lo achacaría, si tuviese un mínimo de dignidad –cosa que, discúlpeme, no tiene- al juego político, a los condicionantes de la práctica política, que implica el “mentir” en campaña para alcanzar, en un rally de ineptitud y hamponeo, la silla del poder.

Se olvida de que usted y los suyos alentaron y asistieron a una manifestación que quizás merecía una actuación tan “policiaca y tan extrema” como la del

25-S: ¿Por qué no consideraron algo socialmente sospechoso, alarmante y peligroso, la manifestación de todos con el papa que tan fastuosamente organizaron sus chicos valencianos? El 25-S hombres y mujeres se movilizaron, desde el estómago y la necesidad, para rodear el congreso (la casa de meretrices y proxenetas a la que se empeñan en disfrazar de lugar de culto y de sapiencia, de honestidad y voluntad de ayuda para mejorar el día a día de la ciudadanía). Usted olvidó, supongo que sus recuerdos quedarían sepultados por el alud de su hipocresía, que los cristianos, católicos y romanos manifestantes reunidos en la ciudad del Hemisfèric (y de la corrupción y el reino de los políticos imputados), familias unidas jamás serán vencidas, bocata en mano y escapulario al cuello, pudieran haber sido, en arrebato místico y espíritu de las cruzadas, más peligrosos que los indignados del 25-S, si descontamos los infiltrados que el sistema coló para poder criminalizar más fácilmente a quienes ejercían su derecho de manifestación (vuelve a acudir a mi pensamiento la Clint Eastwood de su equipo, la sheriff Cifuentes, diciendo que sería necesario ajustar las leyes, o cambiarlas, para que los “derechos” de los manifestantes no interfieran en los derechos, por ejemplo, de los comerciantes. A la sheriff se le escapó controlar aún más su boquita para no desvelar lo que todos intuimos: en esta dictadura fascista, mal llamada democracia o estado del bienestar, a ustedes lo que les importa es “cambiar todo para que nada cambie” y seguir con un pie en el gobierno, robando, y con el otro pie en la empresa privada, asociada y creada por ustedes o los suyos, en la que son gestores, consultores o cualquier “-ores” que quieran.

Se le olvida, señor Rajoy, la cantidad de manifestaciones que instigó, apoyó o en las que participó -más allá de esa reuniones masivas donde se regalan bulas y acceso al reino de los cielos por el módico precio de un donativo entregado “libremente”- cuando era usted oposición, y cacareaba como hoy, pero seseando menos: 2005, se movilizó en la ahora Madriz de la sheriff y de su amiga Experanza Aguirre, con la Asociación de Víctimas del Terrorismo contra la política antiterrorista de zapatero; 2005, atacado por la alergia a lo que para usted es “el plumón”, su fiebre contra los homosexuales, salió a la calle, simbólicamente, porque ya empezaba hacer lo que hace ahora (esconderse en los momentos claves o largarse a Nueva York), para apoyar la manifestación encabezada por el Foro de la Familia (esa familia, señor seseante que ahora no tiene ni foro, porque sus miembros están en el paro y sin pensiones); 2006, de nuevo, Rajoy manifestador, contra Zapatero, su obsesión, de nuevo, y su política antiterrorista; 2007, Murcia, usted y los suyos, protestando por la concesión de prisión atenuada a de Juana Chaos; 2008, unidos contra el rebelde catalán: brazos en alto, los suyos y los de los suyos, contra la lengua catalana y el programa de inmersión lingüística en los colegios de Cataluña; 2009, apoya usted, sin reparos y aunque no se acuerde, la manifestación contra la ley de interrupción voluntaria del embarazo.

NO. No me gustan, nada, sus problemas de memoria.

No me gustan, nada, sus mentiras, como se burla, cada día con menos reparo, de NOSOTROS. Ayer le preguntaban, en el quinto sanedrín de presidentes de las comunidades de lo que usted llama “reino-de-españa-con-rebeldes-vascos-y-catalanes-adosados”, si España iba a pedir el cacareado rescate al BCE. Dijo “no” (y el gallo debería haber cantado tres veces, según su mística religiosa) y, después, cuando un periodista ya no pudo aguantarse y le comentó que, según una agencia internacional, en Bruselas ya estaba preparada la mano que mece los euros (y que nos dará el rescate a cambio de nuestra existencia), le soltó una frase, en medio de visibles carcajadas, que no tiene desperdicio: “Mire usted, le acabo de decir que no, pero si usted prefiere dar mayor credibilidad a una agencia que a las palabras del presidente, pues allá usted. Piense lo que quiera, que…(risa parecida a la onomatopeya realizada por las hienas en los dibujos animados infantiles)…. a lo mejor acierta”. ¿Cómo puede creer que tiene derecho a reírse delante de nuestra cara? ¿Cómo le brota la risa en una situación social como la que estamos viviendo -usted y los suyos, no, ya lo sabemos-? ¿Cómo se atreve? Usted no tiene lo que posee quien tiene vergüenza. Ni la conoce. Finge muy mal, a pesar de que ponga esa cara de pez, cuando se hace el sorprendido porqué creamos que un no suyo puede esconder un “sí”. Pues claro que sabemos que un no suyo es una mentira más. Tenemos pruebas de ello, no pasa un solo día que no las tengamos.

No me gusta el último party-perfomance que han organizado: esa fiesta de pandilla en la que se ha orquestado un minuto de “unión, acuerdo y espíritu de unidad” -qué tufillo tienen las palabras “espíritu” y “unidad”, ¿no le parece?- el quinto sanedrín de los genoveses que presiden las comunidades autónomas. No me gusta que, de repente, vayan a creerse que nos vamos a creer que el espíritu ha descendido sobre ustedes, grande enemigos que se amigan solo cuando hay botín de subvenciones, ayudas y otorgamiento de licencias, y hayan “alcanzado un acuerdo unánime”.

No me gusta que den por hecho que somos tan imbéciles, y disponemos de capacidad de criterio 0, como para  creernos que con esa foto de grupo, sonrisa forzada y gesto de “cuernitos con la mano por detrás del cogote”, damos “un buen mensaje a Europa” ¿Quiere decir que si se hubiesen hecho antes la foto no estaríamos en el túnel sin final al que nos han permitido llegar, por acción u omisión? ¿Quieren hacernos pensar que si hubiesen ido a Grecia o Portugal de tourné fotográfica, con el mensaje subliminal enviado por sus jetas, esos dos países no estarían arruinados? Ande usted y… váyase (qué bien le salía a usted esa frase cuando la dirigía a su estimado Zapatero, ¿lo recuerda?)

Mire usted, como a usted le gusta decir, no me gusta nada de lo que hace o dice. Nada. Y lo que menos, esa manía suya, traducida en estratagema machacona y diaria, de intentar hacernos creer que problemas y estafas, como la de bankia y los agujeros que están dejando a su paso, son algo que debemos asumir como un acontecimiento “normal”, como una catástrofe natural, un terremoto o un incendio, ante los que hay que preocuparse, sí, pero que no tienen “responsables” y debemos resignarnos, rezarle a su dios y quedarnos en casa, sin movernos, contentando a la sheriff Cifuentes.

Señor que no me presenta, con estas palabras me despido de usted, para siempre.

Ni suya, ni afectuosa, una de esas rojas díscolas y cabezotas, como usted nos llama,  que ya no va a tragar más.

Pura María García

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