LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

DIOSES, POLÍTICOS Y CUENTOS

dioses politicos y cuentos

Escribe R. Montero, bajo el título Todos nuestros Dioses, una reflexión que entraña una visión de la religión llena de matices. Encuentro conmovedor que los humanos nos hayamos inventado todos esos cuentos fundacionales que son la religiones dice, como resumen del artículo. Antes de expresarse con estas frases poéticas, como era de esperar en una mujer inteligente y analítica, R. Montero se describe a ella misma, respecto a la religión, explicando con sinceridad que de su agnosticismo al ateísmo, que también le es cercano, le separa una mínima línea, esa frontera que hace que aceptemos envolvernos con una etiqueta siendo conscientes de que las etiquetas, todas, son insuficientes para captar el proceso cambiante de nuestra evolución ideológica: (…) Y no digo atea, aunque me sienta muy cerca, porque tampoco tenemos pruebas irrefutables de la inexistencia de los dioses (de algún principio que alguien pueda llamar dios) (…)

Leer que alguien siente ternura hacia un sistema que ha sido, y es, nocivo para el ser humano social hace que quiera adentrarme, con tanta curiosidad como desacuerdo,  en sus palabras.(…) Sin embargo, la historia de las religiones siempre me ha fascinado. Encuentro profundamente conmovedor que los humanos, en nuestro dolor, nuestra indefensión y nuestra infinita pequeñez, nos hayamos inventado todos esos cuentos fundacionales que son las religiones, esas figuras sobrenaturales a las que pedir ayuda y consuelo. Como niños abandonados en la oscuridad, hemos tenido que imaginar que, en algún lugar, había unos padres capaces de guiarnos, unos padres que conocían todas las respuestas del inmenso, demoledor, enigma de la vida.

Tras leer el resto del artículo entiendo que el anticlericalismo de la periodista se enfoca al poder, al abuso de poder, de las instituciones religiosas, como ella explica con las aberraciones a las que pueden llegar los clérigos de los diversos aparatos eclesiales, desde las hogueras de la inquisición hasta las carnicerías del ISIS. Continúo leyendo y pienso en la política, en eso a lo que llamamos, en este demoledor presente, política o lo que hemos permitido que se construya bajo su nombre.

Esos mismos humanos que conmueven a Rosa Montero, en su mezquindad, egoísmo y comodidad –y todas las demás marcas de ADN que caracterizan al desensibilizado hombre de hoy- hemos desarrollado unos sofisticados y perfeccionados mecanismos para delegar en otro las acciones que entrañan un peligro, una responsabilidad, un riesgo.

Nosotros también hemos construido un cuento fundacional llamado política en el que fingimos creer que otros van a guiarnos, a resolver nuestros problemas, a gestionar nuestro bienestar, a tomar decisiones con los únicos parámetros de procurar el bien común, el social. Gracias a este cuento fundacional, a esta mentira que ya hemos convertido en necesaria, damos nuestro voto con la intención escondida de que ellos se pringuen por nosotros, de que otro asuma el riesgo.

No confiamos en ellos. Tenemos la absoluta y probada certeza de que son corruptos;  de que no escuchan sino a través del oído del poder y de su ego;  de que se enriquecen en diferido, desde el mismo momento en que cruzan el umbral político; crean redes en las que se piden, se devuelven y se pagan con favores y premios casi vitalicios; simulan negociar pactos que no existirán o que, de hacerlo, ya han sido amañados de antemano.

Sabemos, porque sucede una vez tras otra, que las elecciones, los pactos, las negociaciones, los programas, las ideologías (mientras no sean las que crecen a partir de los sin nadie que somos masa gobernada) y la perfomance política es una enorme e inaceptable mentira. Sin embargo, los humanos de hoy, aun viviendo en medio de una supuesta sociedad del conocimiento en la que es más fácil que en cualquier otro momento de la historia acceder a la información, preferimos, como masa, ignorar la verdad, lo veraz, abandonar su búsqueda, votar y fingir que creemos en la política, permitirle existir y, así, poder darnos la espalda, acomodarnos en un sofá ideológico que nos inmoviliza.

Y lo hacemos delegando en los políticos, sabiendo en todo momento las etapas del juego: les voto; espero que hagan lo que yo no hago ni haría por lo demás;  finjo no saber que van a poner la mano y el bolsillo para mantenerlos llenos de pode; simulo esperar que su objetivo sea un objetivo social, y no particular; les veo engañarme –como sabía perfectamente que harían, más tarde o más temprano-; les critico,  desde el mismo sofá ideológico,  y espero a que pase el tiempo para de nuevo comenzar la rueda ante unas viejas urnas con pretensiones de ser una oportunidad nueva.

No somos los niños abandonados en la oscuridad que describe Rosa Montero, no deberíamos haber tenido que imaginar que, en algún lugar, había unos padres capaces de guiarnos, unos padres que conocían todas las respuestas del inmenso, demoledor, enigma de la vida. Podríamos, podemos, implicarnos y abandonar nuestra comodidad e hipocresía ideológica. Deberíamos plantearnos qué hacemos participando en ese rito de delegar en alguienes que no conocemos, que nos engañan, probadamente, que nos obtienen a partir de una campaña de palabras. Deberíamos plantearnos qué nos hace preferir delegar en esa casta que buscar otras formas de implicarnos, de reaccionar, de tomar la palabra y la acción. Deberíamos ser sinceros y aceptar que escurrimos el bulto porque ellos están para fingir que actúan para nosotros, por nosotros.

En lugar de actuar, hemos preferido votarles y favorecer que exista su casta. Ahora les tenemos a ellos, acompañando a los dioses que castigaban a los malos y milagreaban con los buenos. Les soportamos en los telediarios, la radio y los periódicos, sabiendo que son herrumbre, con tal de mantener nuestra inacción, una legislatura tras otra, con tal de seguir practicando el absurdo e irreal arte que nos permite levantar los hombros y dar la espalda a cualquier necesidad y problema que no sea la mía o la de los míos.

 

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Esta entrada fue publicada el abril 10, 2016 por en Uncategorized.

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