SIRIA Y EL BUEN VECINO DEL TÍO SAM

 

 

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Hace tan solo unas horas, alrededor de 5.000 militares han entrado en la ciudad de Alepo, en el norte de Siria, utilizando la frontera con Turquía para poder acceder al cruce de Bab Al-Hava. A estas alturas, nadie que se haya molestado en contrastar información y en permitirse interpretarla con espíritu crítico puede dudar de que se trata de mercenarios entrenados y financiados por Estados Unidos, con la connivencia de la OTAN, enviados para herir aún más al pueblo sirio desde una base militar en Turquía, próxima al aeropuerto de Sazgin (en la provincia de Gaziantep) que ya sirvió como base logística para el traslado de tropas, municiones y equipos militares durante la invasión americana de Irak.

A principios del año pasado, Militares de EEUU llegaron a Turquía para instalar misiles Patriot cerca de la frontera con Siria. En Septiembre de 2013, ya se filtró información contrastada sobre la construcción de una nueva base militar cerca de la frontera con Siria, cerca de la ciudad de Latakia, en medio de las amenazas de guerra del Occidente contra el país árabe.  Un mes después conocimos que el Pentágono había puesto sobre la mesa una propuesta oficial para entrenar a los rebeldes moderados de Siria. La propuesta se hizo mientras, en paralelo y desde instancias oficiales, La administración Obama reconocía haber proporcionado asistencia logística, humanitaria y militar a los rebeldes que luchan contra las fuerzas de Al Asad en una guerra civil que parece interminable. Hace menos de un mes, Turquía derribó un avión de combate sirio cerca de la frontera con Siria. Desde 2012, está constatado que la CIA está entrenando rebeldes sirios, afirmación que se sustenta en declaraciones de diferentes militares rebeldes y comandantes insurgentes que fueron publicadas sin desmentidos en varios medios de información americanos.

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DECLARACIONES DE ESPERANZA AGUIRRE CARROMERO AL JUEZ (EXCLUSIVA)

 

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DECLARACIONES, con  rima, DE ESPERANZA AGUIRRE CARROMERO AL JUEZ

En esta ciudad tan grande

que Botella ha hecho pequeña,

Señor juez, yo se lo juro

circulaba tan contenta

(con un humilde visón

sobre beata chaqueta)

cuando me vino a la mente

que no llevaba en el sobre,

perdón, digo, en la cartera

ni una monedilla suelta.

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IRREALES, PLAÑIDERAS Y SINVERGÜENZAS EN EL FUNERAL DE LA TRANSICIÓN

 

los irreales
Los irreales tienen sus propios ritos. Son celebraciones precisas, diseñadas como cuadrículas desde un tiempo que parece inmemorial, repetitivas, inflexibles en las formas, ampulosas, aparentemente complejas en su parafernalia pero muy sencillas, extremadamente simples, en su trasfondo.
Los irreales festejan con ellas sus victorias sobre la masa desesperanzada que como Sísifo levanta, cada vez con menos fuerza, la utopía de alcanzar un recodo en el camino de la supervivencia. Acuden a sus ritos también para prepararse antes de arremeter, por enésima vez, contra la libertad y los derechos de los que no son los suyos, de nosotros. Celebran la mentira y la nutren de aplausos y golpes en la espalda. Crecen en sus ritos, embriagados con el murmullo de halagos hipócritas que emanan del enjambre de zánganos irreales que ocupan el centímetro de irrealidad que ha sido adjudicado por el poder a cada uno de ellos.
Los irreales son esos que cohabitan la irrealidad, un mundo, un tiempo, un espacio, definido con vectores a conveniencia. Son los que desconocen nuestra realidad, los que nos desconocen. Los que niegan su represión sobre nuestras bocas y nuestras ideas, sobre nuestro vientre y nuestra voz. Los que niegan nuestra hambre, nuestras heridas taponadas en los pasillos de hospitales que han tomado, al asalto legal de sus leyes interesadas y han convertido en portales esterilizados donde trapichean ganancias millonarias. Son los que nos cachean, cargan contra nuestro cuerpo y se ensañan -porra, vileza y cobardía en mano- con nuestra espalda y nuestros ojos. Son los que negocian con nuestros míseros sueldos, jugando con los tahúres de sindicatos y empresas con consejos de administración clónicos de sus sillones y escaños. Son los que cercenan la educación y la cultura a merced de sus paranoias religiosas, de sus manías persecutorias, de las pequeñas, y graves, venganzas de un ministro contra otro, de un fantoche contra otro, de un indecente con dedo escribiente de decreto contra otro. Son los que ordenan manipular videos, declaraciones, actuaciones, noticias, interrogatorios, detenciones, hematomas, lesiones, cortes de concertina y cifras. Los que mandan borrar datos de ordenadores que huelen a podrido. Son los que gravan nuestra mínima vida con el impuesto terrorista de su presencia y su poder.
Necesitan de sus ritos como los buitres de sus presas, como requiere el exorcista a sus demonios. Organizan actos de poder para adentro, de puertas para adentro. Se llaman, unos a otros, y se dicen al oído cuánto se recuerdan (y cuánto se deben, y cuánto esperan los unos de los otros). Chocan sus manos, sudorosas por el húmedo efecto de la corruptela interminable, antes de sus parlamentos y sus epístolas falaces y tendenciosas. Se sientan sobre sillas con sus iniciales, tapizadas con telas que soportan un día tras otro sus sucias posaderas. Aguardan el desfile ordenado de los irreales designados para liderar a ese ejército de terroristas legitimados por las urnas: del menos poderoso de los poderosos al gurú máximo, a su momentánea deidad (mientras no llega una nueva campaña de su misión evangelizadora contra los malos, los otros), los irreales designados para celebrar cualquier rito de su repertorio, dejan su silla; abandonan a los irreales hambrientos de arengas (y de presentidos sobres y favores); ajustan su boca artificial, esa que es el micrófono que duplica su voz y su mentira; miran sin mirar al fondo de ojos que tampoco miran, que jamás nos miran y encadenan eslabones de palabras vacías y metáforas previsibles que pretenden enardecer el engreimiento y el gen de raza y clan superior que los irreales están seguros de tener en su patético ADN. Aplausos de los irreales que interrumpen a los irreales jefes de su secta. Aplausos y cuchicheos que jurarán, si alguien les preguntase, que jamás pronunciaron. Como en orquesta desafinadamente afinada, un irreal se levantará de su asiento y aplaudirá con fingida emoción. Como una piedra lanzada a un estanque de aguas sucias, un irreal tras otro se alzará a aplaudir lo no escuchado, lo que ni ellos mismos creen los unos de los otros, en concéntricos círculos de deshonestidad. Continuar leyendo


TERRORISTAS DE LA PALABRA

 

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La calle derriba el régimen ucranio

Venezuela sigue ocultando los hechos que rodearon la muerte de Chávez.

ABC dio la cobertura más amplia sobre el cáncer de Chávez y las tropelías de Maduro

Maduro se rodea de cubanos y argentinos

El esplendor petrolero que tuvo Hugo Chávez no brilla igual con Maduro

Maduro convierte el legado de Chávez en una ruina económica

Ayudar a Ucrania, así no

El imperio de Putin

Rajoy defiende ante Lavrov la integridad territorial de Ucrania

Ucrania se debate entre la partición o la guerra

Son 10 titulares que podemos leer, con textos e información repetida hasta la saciedad (y la suciedad de lo intencionadamente subjetivo y falso) en los massmedia que actúan sobre nuestro pensamiento. Son muestras de las descargas, más o menos sutiles, que están incluidas en tratamiento electro convulsivo que a diario nos aplica el sistema.

La realidad impuesta por él sigue idéntico protocolo que los psiquiatras observaban para aplicar electroshocks, una práctica de la que creemos, ingenuamente, habernos liberado como masa social. Fueron prácticas de tortura, sin más eufemismos. Los psiquiatras en forma engañosa cubrían estos procedimientos con legitimidad médica: el escenario del hospital, asistentes vestidos de blanco, anestésicos, drogas que paralizaban los músculos y equipos de sofisticada apariencia.

Comparar las descargas eléctricas, en forma de artículos y mensajes que se expanden como una epidemia de palabras e imágenes mentales que calan en el cerebro de la masa, con la tarea de periodistas, muchos, y tertulianos, muchísimos, no es una simple metáfora. Culpabilizamos y responsabilizamos a políticos y trileros de las finanzas de nuestra miseria, individual y social, y de la perdida encubierta de la inmensa mayoría de nuestros más elementales derechos. Y lo son, indiscutiblemente, pero nos falta incluir en esa lista a los terroristas de la palabra y del micrófono.

Los psiquiatras en forma engañosa cubrían la aplicación de electroshocks  con legitimidad médica y un serio escenario: el hospital. Los terroristas de la palabra cubren las mentiras, exageraciones y subjetividad con la legitimidad de un periódico o de un programa televisivo o radiofónico. Lo que dicen, lo que afirman sin titubeos, y sin contrastar en la mayoría de los casos, alimenta el pensamiento de quienes les otorgan, con el peligro de su inconsciencia, la potestad de construir la realidad por nosotros y para nosotros. Lo que dicen cimenta mentiras, crea monstruos o beatifica, aniquila toda capacidad de pensamiento reflexivo, iguala lo ilegitimo a lo ético. Los terroristas de la palabra tejen una maraña en la que nos vamos viendo atrapados, establecen sutilmente lo que es aceptable y lo que no. Van modelando nuestras emociones y ensanchando la cruceta con la que el poder nos maneja. Ellos son otra forma de soberbia, también nos manipulan, dictan a golpe de aseveración cuál ha de ser nuestro umbral colectivo de resistencia, de aguante, de hambre y de necesidades. Y uno a otro, con un eco absolutamente dañino repiten la consigna, equivocada, del terrorista precedente y encadenan mentiras e imágenes mentales que hace buenos a sus buenos y malos a sus demonios. Y, lo que es peor, están logrando que hayamos caído en la trampa de escucharles, darles crédito y entornemos los ojos, hundiéndonos en la realidad más próxima sin aspirar a mirar más allá. Drogados con su construcción partidista del mundo ya ni siquiera reflexionamos por lo que sucede a esa parte del TODOS que está más allá de lo que nos infecta. No existen las demás guerras, no existen las torturas, no existen los problemas que no sea la realidad terca y reducida, absolutamente corrupta, que tienes los límites del país de los voceros. Han conseguido que permanezcamos inmutables, o nos importe mínimamente, comparado con lo que debería importarnos, ante la mentira mediática de esa supuesta democracia en Ucrania, “esponsorizada” y planificada desde hace mucho tiempo por Estados Unidos. Han conseguido que no dudemos en demonizar a Cuba, que no titubeemos antes de afirmar, coro de ciegos, que en Venezuela, los buenos son los buenos que señala Estados Unidos y los terroristas de la palabra.

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España, Suiza y el “negocio” de la caza del inmigrante

negocio caza inmigracion

Leíamos y escuchábamos hace unos días que Suiza se blindaba ante los inmigrantes. Y pusimos, de inmediato, el grito en el cielo. Parlanchines, tertulianos, plumas-serviles y agita-nadas se lanzaban a mostrar su indignación y su perplejidad ante el atrevimiento “del país helvético”. Se fueron llenando las mesas con micrófono de repentinos expertos y expertas que acudían al terreno cenagoso de la falsimedia para “dar luz” al público sobre el tema.

Nos escandalizamos. Suiza, un país que no forma parte de la Unión Europea, pero que firmó en su día los acuerdos sobre libertad de movimientos y tránsito por su territorio como parte del grupo de Shenguen, se ha atrevido a plantar cara, dejarse de eufemismos y mostrar, sin tapujos, su xenofobia.

La Unión Europea, un constructo que nada tiene de real ni de ideológico, sino que se basa exclusivamente en acuerdos entre las manos de mercados que juegan su partida mejor sobre un tablero que los une, se escandalizaba también, une filas, inspirada por ese súbito síndrome de ser tribu cuando es conveniente y se ven amenazas, que exhalan el aroma adictivo del dinero, y se lanza a la reprobación y a la indignación por la decisión de los suizos. Por supuesto, es una indignación moderada, otra perfomance más del círculo con estrellas que quiere ser la Unión Europa.

Pesa, y mucho, el miedo a que, si muestran su indignación y toman medidas contra Suiza (recordemos que no forma parte de su círculo) el país que es la banca de los corruptos y los intereses económicos turbios, monte en cólera y sus decisiones se extiendan a las entidades poderosas que se esconden tras las estrellitas del símbolo de la UE.

Nos escandalizamos no porque Suiza muestre su voluntad de cerrar puertas  o lo que en términos eufemísticopolíticos se ha dado en llamar “limitar la entrada de inmigrantes sino porque las medidas que va a tomar nos van a afectar a NOSOTROS, a los europeos, esa pseudoraza, artificial y surgida por decreto, que nos hace superiores, indiscutiblemente, de los inmigrantes de verdad, de los pobres inmigrantes no europeos. Hemos pasado años sin darnos cuenta, curiosamente, de que el país del chocolate y los bancos lavadero va a cambiar, refrendado por un referéndum, unas cuotas, un límite a los ciudadanos de la UE que van a poder entrar, que YA estaba aplicando desde hace tiempo a países de Europa del Este.  Claro que, no ha de olvidarse que ellos, los ciudadanos de la Europa del Este, son un caso distinto al europeo inmigrante. En eso, en la inmigración también hemos fabricado categorías.

La hipocresía es descomunal, vergonzante y difícilmente soportable a estas alturas en las que una crisis general (que afecta a todos los que no la han provocado) nos ha hecho, en cierto modo, abrir nuestra mirada y adquirir, aunque sea por nuestros estómagos y bolsillos vacíos, cierta consciencia.

Solo nos duele lo que nos toca, lo que supuestamente va con nosotros, lo que podría suponer una amenaza a la eternización de un estado de pseudo-bienestar que, ya deberíamos haberlo interiorizado, no existe y es únicamente un espejismo elevado frente a nuestros ojos bizcos por el sistema.

Nos echamos las manos a la cabeza porque un país se va a atrever a colgar en sus lujosos restaurantes, junto al cartel de NO ANIMALS el explícito NO INMMIGRANTS pero no miramos lo que sucede, lo que hacemos, lo que consentimos, por acción u omisión, en nuestro propio país.

Los últimos cadáveres se van contando con el ábaco de la vergüenza. Son catorce ya los cuerpos de los subsaharianos que murieron en su intento de borrar la frontera de roca y agua que les separaba, creían ellos, del inicio de una realidad distinta. Ellos no importan, la UE no reacciona ni advierte al gobierno provinciano y corrupto que nos “representa” que sus cotas de muerte de inmigrante tampoco son aceptadas. Ellos no son inmigrantes europeos, sino números de piel distinta que mueren, también de forma distinta, con una muerte más aceptable porque no tienen, muchas veces, identidad, nombre y apellidos.

Ellos son sin papeles que, por si no lo sabíamos, están entrenados para asaltar con extremada violencia las entradas a nuestro país (como se ha apresurado a explicar el delegado del gobierno en Ceuta) que justifica, cómo no, el uso de material antidisturbios (pelotas de goma y munición de fogueo) pero “nunca sobre las personas” y solo “al aire y para asustar”. Solo para asustar. Solo para asustar con un susto que no tiene marcha atrás y se llama muerte.

Tampoco se nos dice, lo que no puede ser pretexto de nuestra mirada hacia otro lado y nuestra inacción, qué negocio se ha gestado tras la caza del inmigrante en este país nuestro, tan grande, tan uno y tan libre (¡).

Ayer se contaban cadáveres y un representante de la policía afirmaba que “más valdría que las ONG se preocupasen no tanto por los inmigrantes sino por el estado de los policías heridos. Hoy el gobierno presidido por quien se emociona en países como Turquía más que ante el paro en su país, tiene previsto realizar 2 nuevos vuelos, que llaman vuelos de limpieza, en los que viajarán con billete de ida un grupo de inmigrantes que serán así deportados. Un vuelo saldrá de Barajas con destino Dakar, fletado por la compañía Air Europa. Trasladará, forzosamente, a decenas de inmigrantes senegaleses que han sido cazados en las redadas antiinmigrantes que se efectúan con cierta frecuencia y que se intensifican la semana previa del vuelo, como han denunciado inmigrantes y ONG, para aumentar la rentabilidad del viaje. Fletar un avión es caro así que hay que llenarlo de inmigrantes para que la acción sea rentable. Ya saben, la cantinela de “eficacia y eficiencia” que tanto usan los políticos. Cada dos meses aproximadamente, se realizan estos vuelos de limpieza. Estos vuelos de vergüenza. El segundo vuelo de hoy  trasladará a inmigrantes marroquíes desde Barcelona y Madrid y aterrizará en Jerez de la Frontera. Allí serán conducidos en autobús, escoltados con un elevado número de policías,  para ser conducidos en un ferry hasta Ceuta. En la misma frontera en la que se ha producido la represión salvaje del grupo de subsaharianos “violentamente agresivos”, según la policía, los policías españoles apartarán el recuerdo de los 14 cadáveres y entregarán a la policía marroquí a los inmigrantes deportados.

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De gallardos gallardones y otros: el perfil del nuevo represor

“Vinieron con la noche, escondiendo su monstruosa condición entre las sombras de las sombras. Vinieron por las calles jamás dibujadas, por callejones cubiertos de basura, para que no intuyéramos sus manos asesinas. Vinieron y llamaron a la puerta, a las puertas, a los ojos que dormían, a las bocas que respiraban negándose al miedo que  se presentía. Vinieron y arrancaron de cuajo los goznes de las puertas, los goznes de los sueños, los goznes del porqué y derribaron a patadas los umbrales que nos defendían de la muerte y la mentira. Los niños lloraban arrancados de las manos de sus madres, las madres gritaban arrancadas de los brazos de la vida. Nuestros hijos fueron arrastrados a patadas, pisoteadas sus entrañas hasta descarnar su silueta y mancillar su cuerpo. Fueron violados, torturados, llevados a la muerte en procesión infinita por el atajo construido por el dictador y sus secuaces. Nos quebraron los dedos, vaciaron los ojos, nos ahogaron los pulmones en los cubos de agua y vinagre donde dejamos las lágrimas que aún no habían conseguido provocarnos. Nos mataron con muerte, lentamente, de a poco a poco morir sin posible escapatoria. Nos asesinaron hasta el nombre para que no pudiesen encontrarnos los pocos vivos que, en la muerte de sabernos muertos antes que ellos, dejaron para que sirviéramos de escarnio a la semilla valiente del futuro. Nos fueron matando con la muerte, pero dejaron nuestros cadáveres tatuando el nombre del pasado (y  a nuestros padres, hijos, hermanos, compañeras, esos que nos han de revivir en la lucha sin fin contra el tirano)”

Estella Puchuri, familiar de una de las víctimas de la represión chilena

Hoy el represor y sus matarifes no llaman a la puerta, por la noche, para llevarse a los que se niegan a clavar la rodilla ante ellos y ante el estado. Hoy no nos llevan a garajes abandonados ni a  estadios desolados donde dejarnos, hacinados, hasta que, después de torturarnos, cerremos los ojos y comprueben que realmente les entregamos el último aliento.Y no lo hacen, el represor y sus matarifes, porque no lo necesitan. Han cambiado su perfil, no su condición de hipócritas, soberbios, dictadores y asesinos, de cuerpos, esperanzas, libertades y derechos.

Hoy les basta la supuesta legitimidad sobre la que van construyendo una impunidad que no deja de crecer, un patrimonio ideológico al que, con el robo reiterado, el espolio y la estafa, quieren acompasar su abultado e imparable patrimonio económico. Se escudan en los suyos, en los vencedores del sorteo electoral, que ganan a base de mentiras y billetes untados de favores que habrán de ser de vuelta. Les es suficiente llegar a un ministerio, una isla que les aísla de los que nos cuentan, desde la que juegan a ser supremos, a erigirse en pequeñas deidades que retorcerán argumentos hasta dictar leyes que dejarán caer, tras habernos empujado al estado de atontamiento al que se llega cuando no se nos permite pensar ni comer, sobre nuestra mermada conciencia, hasta nuestra casi ausente capacidad de reacción.

Los represores de hoy van empujándonos lentamente hacia las arenas movedizas del miedo a perder un falso estado  del bienestar, un utópico holograma que han ido formando, zanahoria que nos engaña y nos obliga a seguir produciendo, a seguir debiéndole la esperanza y el aliento al capital. Mentira a mentira. Mentira esa miseria de libertad que nos permiten, rota y asesinada por códigos penales reformados por la supuesta necesidad que los represores se inventan para que no osemos levantar la vista y, un día, preguntarles en las calles porqué han llegado tan lejos y han traspasado el horizonte de lo permisible. Mentira esas leyes que dictan para tapar la boca y contentar a los fascistas, a los suyos, de los que reciben el voto y el sobre, el voto y la prebenda, el voto y la garantía de que, aunque se vayan un día de su silla, los suyos no olvidarán los favores recibidos. Mentira las apariciones apoyados en la palabra hueca para que los que no importamos creamos que se dirigen a nosotros y nos explican. Mentira las promesas, esas que se atreven a escupir con los labios podridos, a media voz y grandes cacareos. Mentiras sus vidas de corruptos, proxenetas, estafadores, aunque puedan esconderlas debajo de la alfombra y se empeñen, a fuerza de reforma y de medidas necesarias, en borrar su pasado y esconderlo tras sus aras maquilladas y poses aprendidas.

Los represores de hoy corren hasta llegar donde ellos saben que está la llave del armario donde guardan las versiones actuales de las armas de tortura. Una vez allí, magos de la represión, abyectos violadores de los mínimos derechos, sacan de su chistera de marca códigos penales para castigar, con la dureza que la sociedad y el momento actual requiere, a los que no cuentan, a los que poco tienen, a los que han sido por ellos y los suyos desprovistos de sueños. Todo para que sus complejos de aprendices de dioses y sus paranoias secretamente turbias se curen sobre el sufrimiento de los sometidos, de quienes ellos someten gracias a su grandeza  políticamente adquirida.

Son los represores que, de puertas a adentro, abortan, sobornan, hacen trueque de favores, roban, evaden, hacen añicos los códigos que ellos mismos han redactado y firmado. Son los que biensituan , como alfiles enviados por reyes y reinas que, en su soberbia, no aceptan no poder poner en jaque a la realidad, a sus hijos, a sus amigos, a los amigos de sus amigos y al interminable grupo de peones con los que juegan a ganar y a ganarnos. Son los que patean nuestro sexo para que no podamos ejercer la libertad de decidir. Son los que dictan qué es vida y qué es muerte, los que tipifican la libertad y leen la cartilla a las mujeres que se salen del redil de la sumisión, a las atrevidas, a las golfas, a las que se rebelan, pecadoras y pecaminosas, a gritar que tienen el derecho a decir qué puede ocupar o no su vientre fértil, y su conciencia, y su pensamiento, y su ideología, su LIBERTAD. Son los represores que se olvidan de que en cada vientre preñado en un embarazo no deseado hay un fruto que procede de su semen, del semen de los suyos, muchísimas veces vertido en él de manera unilateral. Son los represores que nos niegan el derecho a una educación sexual, que nos empujan a recluirnos en la ignorancia cultural, social, de pensamiento, que nos modelan, que buscan cercenar nuestra individualidad, que nos acosan con su voluntad de atibórranos de su hipócrita religión para continuar declinando su represión sobre nosotros.

Los represores de hoy no llaman a la puerta, una noche, y nos torturan.

Lo hacen cada día, con cada ley nueva, con cada reforma, con cada una de sus medidas

¿HASTA CUÁNDO?

Leélo, junto a otros artículos y noticias, en DIARIO OCTUBRE, LINEA 36, VILAWEB, PORTAL OACA, BITÁCORAS, KAOS EN LA RED,WASALIVE, WEBGUERRILLERO, EL MERCURIO DIGITAL,ASTURBULLA, ATENEU ANARQUISTA,LOGROSAN, XARXA SUPORT MUTU EIX DRETA,  RECUWEB, LIBERTAD CRÓNICA,


UNA INFANTA EN EL PAÍS DEL NO SABER

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Una llega a cierta edad sabiendo que desconoce muchas cosas y, para sobrevivir a una madurez que le cae, sí o sí, como una losa de cierto peso, pone en práctica ese mecanismo de defensa que consiste en ir arrinconando, hasta casi creer que desaparece, ese saber que no se sabe nada. Pero, mire usted por donde, cuando una cree que ha logrado esconder su fragilidad cognoscitiva, siempre llega un aguafiestas dispuestísimo a fastidiar.

Esta vez se trata de un señor muy (supuestamente)  erudito, con aparente, y calculada, apariencia de bonhomía y sonrisa amplia, el señor Jesús María Silva, uno de los abogados de la infanta Cristina, que en eso del no saber no es precisamente infanta sino reina reinísima.

Cuando escuché a este señor, que acumula santidad en su doble nombre (Jesús y María) comentar con total naturalidad que creía firmemente en la inocencia de  su (indefendible) defendida y que, según la opinión de este pariente de Heidi, la infanta había actuado desde la fe por amor a su marido y que no sabía lo que estaba haciendo cuando, por ejemplo, sacó una tarjeta, que en lugar de la titularidad de su nombre tenía como titular Aizoon, para cargar a esa cuenta unos 1.741 euros de nada por una vajilla de cerámica, no tuve más remedio que aceptar que sí, que es verdad que no sé nada, como la infanta, y que como ella vivo en el país del no saber.

Este país, que es de  lo poco que tenemos en común la infanta, el letrado y yo, es realmente un país exótico, que ganaría sin duda no uno sino varios óscar: a la peor película, al mejor actor de reparto (para el que está nominado ese al que, según exija la ocasión, acercan o destierran, afectivamente hablando, llamándole Urdangarín o, si conviene, como el caso del amor ciego, el marido-esposo de la infanta); la mejor actriz de reparto (Cristina), el mejor guion original (El amor que provocó mi firma automática) ; mejor guion adaptado (la defensa de una infanta enceguecida de amor); mejor montaje (defendiendo el caso Noos) ; efectos especiales (con la colaboración del Ministerio de Hacienda y parte de la policía del país del no saber); mejor maquillaje (todo el proceso) y, por último, mejor canción original (“Love makes me idiot”).

Usted no lo sabe pero vive, sobrevive, en el país del no saber, en un país de cuento (de –falsas-cuentas)  en el que reina, entre visita y visita a un hospital, un monarca que no sabe lo que caza,  no sabe lo que dice (no se sabe si por envidia a los británicos y a su George VI);  no sabe que familia y milicia y, cumplimiento y sufrimiento riman, pero no son lo mismo; que no sabía nada del golpe de estado, no sabe distinguir una conseguidora rubia de una administrativa y que no sabe que Noós no es un pronombre personal de primera persona del plural.

Ese país del no saber  es el país en el que decenas de auditores viven, superviven, sin saber que hay problemas, agujeros por los que, con donaire y presteza, se esfuma el dinero de los que poco tienen. En él, un presidente que no sabe el significado del término mayoría absoluta, no sabe que la amistad (las malas amistades) puede ser peligrosa para los habitantes del país.

En ese país de la ignorancia, súbita y a conveniencia, hay muchos no saberes que, poco a poco, nos van dejando sin aliento, sin recursos y sin derechos:

Hay un presidente y muchos políticos que no saben distinguir los brotes verdes de los zarzales plantados adrede; no saben interpretar cifras y, como dicen los niños “ sin querer” se equivocan (una y otra vez).

Hay banqueros de prestigio que, casualmente, no saben lo que venden ni sus consecuencias.

Hay aspirantes a TERMINATOR  que no saben que es el consenso ni los derechos humanos.

Hay políticas y políticos que no saben que no saben idiomas.

Hay madres y padres amantísimos que no saben lo que hacen sus hijospijos. .

Hay políticas a las que el tinte capilar les hace no saber lo que compran ni lo que encargan y políticos que, obnubilados por hacer su trabajo con ahínco, llegan a no saber qué firman ni a quién.

Hay políticos que tienen amigos de los amigos de sus amigos de los que no saben, llegado el momento, nada de nada.

Hay políticos que no saben que tienen secretarios muy “secreto-arios”, presidentes que no saben qué hacen sus secretarios.

Hay sindicalistas que no saben qué firman.

Hay políticos que no saben que las leyes no pueden cambiarse a gusto de los amigos.

Hay presidentes que no saben dónde van algunas tardes, casas reales que no saben vivir martirios, policías que no saben emitir informes con rapidez, con sus correspondientes directores de dudoso perfil y políticos que no saben que las siglas ONG no significan Organización Nada es Gratis.

Esto es parte de lo que, ignorante de mí, no sabía hasta que ha llegado uno de los letrados de la infanta y me ha hecho ver que estoy, estamos, rodeados de gente (gentuza) que ama, a manos llenas y con el corazón encendido y que, precisamente, ese amor tan puro y su inocencia, les hace hacer, a veces, algunas cosillas irregulares que, seamos comprensivos, en el fondo no son tan graves, ¿no?

PS: Finalizo con algo más de lo que no sabía que es  la filosofía con la que se auto-promociona el bufete del abogado de la hija del monarca del país del no saber, curiosamente un poco contradictoria con esa ingenuidad  y LOVE IS IN THE AIR de las que ha hecho gala el letrado sonriente.

Leélo, junto a otros artículos en KAOS EN LA RED, VILAWEB, DENUNCIA SOCIAL, LÍNEA 36, DIARIO OCTUBRe, LUZ DE LEVANTE, OTRO KIOSKO NET, SOYNADIE PERIODISMO URBANO,PORTAL OACA, CATABLOCS, LA CEBOLLA, BITÁCORAS, WASA LIVE, TODO TITULARES, LA HAINE, ASTURBULLA, ATENEU ANARQUISTA.ORG, TWIKLE.ES, EL PERIÓDICO DE EXTREMADURA, LOGROSAN BLIGOO, BOLTXE KOLEKTIBOA, ANDROID BLOVIC, LEJOS DEL TIEMPO, EL LIBRE PENSADOR, NODO.50.Org, LO QUE SOMOS.ORG,EL MERCURIO DIGITAL, VEGAMEDIA PRESS


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