LA MOSCA ROJA

REFLEXIONES DE UNA MOSCA ENTRE MOSCARDAS by PURA MARIA GARCIA

HOY SE ESCRIBE CON H DE HIROSHIMA

Fotografía del Blogg REL-UITA

Hoy se escribe con H de HIROSHIMA y con R de recordar, aunque la capacidad social para acudir a visitar el paisaje de la memoria, habitarlo por unos instantes, estremecernos y asirnos a los recuerdos para evitar caer en idénticos pozos negros en los que caímos, jugando a la muerte, la destrucción y la guerra, ha disminuido hasta el punto que apenas sabemos declinar el verbo recordar en plural: yo recuerdo; puede que tus recuerdes, pero nosotros no recordamos.

Se cumplen 67 años del delito contra la humanidad que fue el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, antecedente sangriento y doloroso, a la par que absurdo e inútil, de este estado de excepcional locura, irracionalidad y mundo al revés en el que intentamos sobrevivir. Nos impactaron las fotografías de hombres, mujeres y niños huyendo despavoridos, seres con el cuerpo desnudo, sin piel, muestras apenas vivientes del catálogo infinito de deformaciones y cicatrices que el ser humano, con sus invenciones y actos, es capaz de infringir a sus semejantes. Precisamente hoy conversaba con alguien que se aferra a la capacidad de recordar para no olvidar y a ejercer la mirada autocrítica para poder observar al otro sin tener que avergonzarse sobre la construcción, más bien la destrucción, de la realidad que nos imponen. Él me decía que, con toda seguridad, el mundo no sería el basurero, el ataúd para los más débiles, que es hoy si una de esas bombas, una de las guerras, uno de los genocidios de los que están sucediendo, hubiese recaído en el suelo de quien, precisamente, las sustenta, financia y planifica. No es difícil estar de acuerdo con él: cada estrella y cada barra de la bandera americana está teñida de sangre, siempre de los que no son “ellos”, y de hambre de supremacía sobre TODO y TODOS.

Es el mundo al revés y lo está siendo por demasiado tiempo. Hiroshima hoy es una excusa dolorosísima para observar que, tras 67 años, continua la guerra de ellos sobre TODOS, una guerra ideológica, económica e incluso química. Encubierta siempre. Silenciada siempre. Demostrable si nos forzásemos a no mirar hacia otro lado y no cayésemos en la actitud paralizante e insolidaria que la máquina de sembrar terror que es el imperialismo y las organizaciones oficiales (mercenarias de la oligarquía) se han encargado de hacer funcionar.

¿Creemos que Hiroshima está lejos? ¿Que los efectos letales de la bomba atómica han pasado y su rastro no se deja sentir tras 67 años? ¿Que no puede repetirse un acto mortal como aquel? ¿No calificaríamos hoy lo que sucedió como uno de los mayores actos de terrorismo de estado? ¿Será cierto que el tiempo puede lograr que perdamos la consciencia?

Hiroshima queda más cerca de lo que imaginamos. Como muestra, deberíamos conocer un pequeño detalle que los medios manipulados por el poder, cobardes que hablan y narran mentiras y, como máximo, cuando es inevitable, tartamudean pequeñísimas verdades incompletas: Dow Chemical, el fabricante del letal ‘agente naranja’, patrocina Londres 2012. Esta multinacional, una organización muy bien considerada en el ámbito empresarial, además de ser una de las compañías que ha financiado, obteniendo considerables beneficios fiscales por ello, los juegos olímpicos está considerada cómplice, a través de sus laboratorios y el “agente naranja” que produjeron,  en la responsabilidad de haber causado enfermedades cancerígenas y malformaciones en una población de más de medio millón de niños, de la segunda y tercera generación, nacidos en la asolada Vietnam, después de la guerra perpetrada por los Estados Unidos en los años 60. Aunque se ha tratado de ocultar esta información a la opinión pública, la delegación deportista representante de Vietnam ha mostrado su indignación, aunque, de nuevo la máquina del terror causa el efecto deseado, no se ha atrevido a expresarlo públicamente para no causar un enfrentamiento político. Una vez más, el tío Sam juega y gana en la ruleta del poder.

Dow Chemical es la empresa que fabricó los diferentes tipos de pesticidas que se utilizaron despiadadamente para “neutralizar” la resistencia vietnamita en la guerra provocada por la invasión americana. Los herbicidas letales, armas químicas en toda regla, se denominaron agente naranja y sirvieron para fumigar la selva de Vietnam del Sur con  76.000.000 litros de sustancias letales, de una agresividad sin precedentes, supuestamente diseñados para “eliminar insectos” cuando, en realidad, era sabido por sus fabricantes su poder infalible para favorecer una serie interminable de enfermedades que generaron la expansión de una epidemia que se ha extendido más allá del tiempo en que se utilizaron, afectando a más de 3.000.000 de ciudadanos vietnamitas.

La ironía de que, una vez que las relaciones entre americanos y vietnamitas se normalizaron, a finales de los 90, el gobierno americano destinara fondos para “limpiar” los efectos de los pesticidas asesinos, proponiendo la condición de que las operaciones de “limpieza” se hiciese en los lugares con un alto índice de presencia de las sustancias letales (que casualmente coincidían con las que eran sus bases aéreas en el conflicto) llega a su culmen con este giro del destino, en el que la compañía fabricante de aquellas armas químicas, esponsoriza el fair play olímpico actual, unión idealista de pueblos que, fuera del estadio y en términos políticos, no lo  practican.

Como añadido, de gravedad considerable, deberíamos también conocer que el gobierno americano nunca se ha planteado, ni lo hará, indemnizar a los millones de afectados ni compensar al país por la contaminación que se derivó del agente naranja. Es cierto que hace unos ocho años un grupo de ciudadanos vietnamitas intentaron demandar a la compañía Dow Chemical y Monsanto, acudiendo a la Corte Suprema de Justicia americana, pero es igual de cierto que, cinco largos años después, el tribunal encargado del caso se atrevió a dictaminar que no existía relación entre la dioxina y las malformaciones congénitas de los vietnamitas, a pesar de las decenas de informes médicos y científicos de numerosas entidades de reconocida credibilidad que concluyen con la afirmación de que la dioxina produce enfermedades congénitas, deformaciones post-natales, deformaciones pulmonares, retraso mental, cáncer,  enfermedades relacionadas con la inmunodeficiencia y malaria resistente a la medicación estándar.

Para finalizar, si están pensando que los dólares que se ahorró el gobierno americano fueron empleados para galardonar con medallas y honores, y pólizas millonarias, a los soldados americanos invasores, aciertan, no podía ser de otra forma.

Una vez más, no es fácil hallar pruebas de que no deberíamos olvidarnos de RECORDAR.

Leélo, junto a otras notícias, en DIARIO OCTUBRE, KAOS EN LA RED, PENSAMENTS I CIRCUMSTÀNCIES, LIBREXPRESION.ORG, LÍNEA 36, A LAS BARRICADAS, ASTURBULLA, 3i TERCERA INFORMACIÓN, PORTAL OACA

Un comentario el “HOY SE ESCRIBE CON H DE HIROSHIMA

  1. Jaime
    agosto 7, 2012

    La historiografía tiene cada vez una deuda mayor con la Historia porque cada vez la profusión de datos es mayor y las argucias para enterrarlos no sedimentados más completas, potentes y sofisticadas. Pero, en mi opinión, no hace falta verificar cada detalle de lo que cuentas para sentir que no te falta razón en lo que expresas en esta última entrada de tu blog, porque los humanos somos seres muy susceptibles de comportarnos de manera miserable, tanto más cuanto nos hacemos con una cuota importante de poder. Los presidentes de Estados Unidos que tuvieron la ocasión de influir en un sentido o en otro en los acontecimientos que citas, no se libraron de esta tendencia.
    Como lo ya hecho no tiene remedio, sólo cabe tener esperanza y confiar en que, al menos, la Historia cuente con toda su crudeza la verdad, y ello sirva para, si no impedir, sí dificultar la repetición de los actos miserables de unos seres humanos sobre otros, mediante la generación de rechazo social, que a su vez genere leyes e incluso acciones legales efectivas.
    Es un camino lento, pero es el único camino que no nos equipara a los miserables.

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